París descubre a Zeng Fanzhi, el artista chino más cotizado del mundo

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Zeng Fanzhi (Wuhan, 1964) es el artista chino más cotizado del mundo, el cuarto creador que más recaudó en subastas internacionales el último año y un gran desconocido para el público europeo, que ahora puede descubrir su obra en el Museo de Arte Moderno de París.

Su trabajo aúna la tradición paisajística china con influencias de Warhol, Bacon, Balthus o Pollock, explican los organizadores de la muestra, que presenta cuarenta lienzos y también escultura para recorrer su trayectoria desde 1990 hasta la actualidad.

Entre ellos se incluye la inmensa tela "La última cena" (2001), que la casa de subastas Sotheby's vendió hace dos semanas en Hong Kong por 23,13 millones de dólares (unos 17 millones de euros) y es exhibida ahora hasta el 16 de febrero en la capital francesa.

Se convirtió así en la obra de un artista asiático más cara de la historia, superando a "My Lonesome Cowboy", una escultura del japonés Takashi Murakami elaborada en resina policromada e inspirada en el manga que representa a un joven desnudo, a escala humana y con pelo amarillo, que sonríe mientras eyacula vigorosamente.

El cuadro de Zeng Fanzhi es una alegoría bíblica que presenta a doce jóvenes pioneros comunistas chinos en torno al líder del grupo, todos ellos con un pañuelo rojo anudado al cuello, excepto uno, álter ego de Judas, que luce una corbata amarilla como metáfora capitalista, según la lectura del propio artista.

La profunda metamorfosis económica y social en la que está embarcada China desde hace dos décadas impregna una industria del arte que, con apoyo del Gobierno, ha hecho de Pekín, Hong Kong y Shanghái nuevos núcleos de venta de arte, en el que es ya el primer mercado de creación contemporánea del mundo.

Todo ello acompañado de la emergencia de una nueva casta de coleccionistas con inclinación patriótica que aprecian a talentos como Song Dong, Zhang Xiaogang, Liu Xiaodong, Mu Boyan o Wang Guangyi, entre otros muchos.

Una retahíla de nombres para el inexperto oído de un público acostumbrado hasta hace no tanto a que las figuras de la creación contemporánea surgieran, esencialmente, de Estados Unidos o Europa.

"Hace ahora diez años, China no parecía pertenecer realmente a la escena artística. Las obras que se veían se consideraban productos locales que no respondían ni a los códigos ni a las preocupaciones del mundo del arte", explica en el catálogo el comisario de la retrospectiva, François Michaud.

Pero los tiempos cambian, las inquietudes evolucionan, y el dinero fluye hacia otros puntos cardinales.

Solo Zeng Fanzhi ha vendido en los últimos doce meses en subastas obras por 34,5 millones de dólares (unos 25,5 millones de euros), lo que le convierte en el cuarto artista contemporáneo más cotizado del mundo, según la clasificación que elabora la firma ArtPrice, en el que supera a talentos como Damien Hirst, Anish Kapoor o Keith Haring.

Y ello sin contar el éxito de la puja por "La última cena", adquirida por un coleccionista anónimo y penúltima muestra de la abrumadora pujanza del arte contemporáneo chino, que cuenta con cuarenta y dos de sus artistas entre los cien más vendidos del mundo, tres en el "top-ten": Zeng Fanzhi, Zhou Chunya y Chan Yifei.

París, eje indispensables de la historia del arte, no quiere quedarse al margen y va explorando la nueva hornada de creadores chinos.

Zeng Fanzhi se crió en medio de la Revolución Cultural y solo tenía doce años cuando murió Mao en 1976. Mientras estudiaba en la Escuela de Bellas Artes de Wuhan, ejecutó la serie "Hospitales", donde pintaba con crudeza expresionista el sufrimiento de los pacientes y que le sirvió para ganar el primer premio de la Biennale de Canton de 1992.

Fue el inicio de una exitosa carrera que le llevo a mudarse a Pekín un año después, donde se entregó a la serie "Máscaras", en la que muestra a jóvenes cubiertos por caretas blancas, mientras cambia el trazo y su paleta de colores evoluciona hacia unos tonos más intensos.

Entrado ya el siglo XXI, Zeng Fanzhi sigue mostrando predilección por los lienzos de gran formato, pero vuelve a modificar su estilo, introduciendo la caligrafía en sus lienzos y acercándose a los paisajistas chinos con una mirada abstracta.

Su retrospectiva parisina llega después de que la Fundación Cartier presentara el año pasado en París la primera gran exposición europea de Yue Minjun, meses más tarde de que el Jeu de Pomme le dedicara una muestra al creador disidente Ai Weiwei.

El próximo 22 de octubre se desplegará en los Campos Elíseos la exposición ChiFra, que reunirá a tres generaciones de artistas chinos de primer plano, como Bai Ming, Du FangXiao, Jia Juanli, Tan Ping, Xu Zhongou o Yuan Zhengyang, mientras enfrente, en el Grand Palais, se celebra la feria de arte contemporáneo de París, la FIAC.

 

Javier Albisu.

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