La sede de Padre Rubinos alcanza los cinco años con una demanda muy por encima de su capacidad

La instalación fue donada por la Fundación Amancio Ortega | patricia g. fraga
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Las instalaciones de la Real Institución Benéfico Social Padre Rubinos ubicadas entre los barrios de Los Rosales, Visma y Labañou acaban de cumplir cinco años desde su inauguración en un estado de conservación inmejorable y con la entidad manteniendo buenas relaciones tanto con todas las administraciones como con la Fundación Amancio Ortega, que fue la que hizo la donación del espacio cuyas obras se iniciaron en 2012. Dado el buen funcionamiento de las distintas vertientes del complejo, la demanda está muy por encima de las plazas disponibles y la directiva ya tiene nuestros proyectos para la inserción de las personas en cartera.


“Hubo muchos hitos en el proceso histórico de la Real Institución y cada cual tiene su relación con el momento concreto pero evidentemente en la sociedad contemporánea hay que hacer una referencia especial a la donación de la Fundación Amancio Ortega”, recalca el presidente de Padre Rubinos, Eduardo Aceña, que se muestra especialmente contento y agradecido por esta celebración del primer lustro.


La aportación económica para encargar el proyecto arquitectónico y ejecutar la actuación permitió el traslado desde un albergue de transeúntes muy viejo tras el Muncyt al lugar privilegiado que ocupan actualmente el rebautizado como Centro Integral de Atención Social (CIES), la residencia de mayores y la escuela infantil.

Espera y nuevos planes
Al hablar de la conservación del espacio, Aceña recuerda que la entidad les apoyó económicamente en 2014, 2015 y 2016 y que hoy tienen ingresos y gastos equilibrados gracias a los distintos convenios y servicios vigentes. A nivel arquitectónico, el actual Padre Rubinos tiene un premio internacional y ha sido visitada por representantes de otros países para tomarlo como ejemplo.

Pero no todo son buenas noticias detrás de los muros de la instalación, dado que ya cuando llevaban cuatro años desde la inauguración empezaron a notar que “estaríamos ante la necesidad de incrementar las plazas tanto en el ámbito asistencial como educativo”.


En este sentido, Aceña abre la puerta a que el Ayuntamiento, la Diputación o la Xunta puedan invertir en la recuperación del antiguo albergue –en el que ya solo está el ropero y una tienda, y se ve desaprovechado– para picos puntuales de demanda.


Las infraestructuras ventajosas y la atención del personal, así como el coste mensual, hacen que actualmente haya 600 personas en lista de espera para mudarse a la residencia y en el colegio siempre hay niños que son reubicados por falta de plazas.


Sin embargo, donde más se nota esa necesidad es en el CIES, en donde en lo que va de año "se han incrementado en un 7,5% la afluencia al comedor en relación a 2018 y en un 16,2%” las pernoctaciones. El 60% de los usuarios siguen siendo españoles, pero también hay marroquíes, senegaleses, venezolanos y muchos europeos de distintos países, entre otras nacionalidades.


Por todo lo que ven a diario, ahora recuperarán el espacio que ocupaba la comunidad de las Hijas de la Caridad para crear un Centro de Atención Básica de Inclusión con 11 plazas y un máximo de 18 meses de permanencia para trabajar en la reinserción de personas con una situación más crónica de desarraigo, con apoyo de un psicólogo y un educador.

La sede de Padre Rubinos alcanza los cinco años con una demanda muy por encima de su capacidad