La alerta naranja alteró el tráfico marítimo y causó la caída de cascotes y de un árbol

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Finalmente, no se echó en falta la duna de Riazor, que había sido allanada días antes, para detener los efectos de la ciclogénesis explosiva “Miguel”. El viento, de componente sur-suroeste, se estrelló contra el monte de San Pedro, respetando así la ciudad, y todos los que paseaban ayer por la ciudad, desafiando el tiempo inestable, reconocían que  el mar estaba “como un plato” pero, aún así, afectó a la navegación marítima. Además, los fuertes vientos de más de noventa kilómetros por hora obligaron a los bomberos a salir del parque para realizar intervenciones en seis ocasiones, la mayoría por caída de ramas o cascotes. 

Los expertos de los servicios de emergencia coinciden en señalar que fue precisamente la dirección del viento lo que impidió que la situación se convirtiera en problemática. Por ejemplo, si la racha más fuerte de viento que se registró en Punta Langosteira fue de 101 kilómetros por hora, y en Bens fue de 82,8, el anemómetro del dique de abrigo fue de 77,8 kilómetros por hora lo que da fe de lo protegida que estaba la ciudad de los vientos dominantes. 

A pesar de ello, desde antes de las doce de la mañana, se precintaron los parques y jardines y se cerró el acceso a la Torre de Hércules, puesto que las últimas previsiones que se habían recibido apuntaban a que podían llegarse a rachas de 120 kilómetros por hora. También se prohibió el acceso a los arenales a partir del mediodía, a pesar de que nada hacía presagiar una fuerte marea. 

De hecho, fueron varias personas las que tuvieron que ser expulsadas de la playa por la Policía Local, que vigilaba los accesos, incluido un jubilado que pretendía bañarse en las aguas de Riazor, aprovechando la tranquilidad aparente. En estas condiciones, cuando llegó la pleamar, a partir de las siete de la tarde, las olas no llegaron a suponer ninguna amenaza, dado que no llegaron a menos de veinte metros del Paseo Marítimo.

Sin embargo, en alta mar la alerta naranja se había dejado notar con más fuerza: la flota pesquera había zarpado a primera hora de la mañana, como suele hacer, pero tuvo que regresar a las nueve, ante un tiempo cada vez más inestable, que también disuadió de acercarse a un crucero que tenía previsto hacer escala aquí. Por el contrario, un gran yate de lujo buscó refugio en el puerto coruñés, en lo que para sus pasajeros fue sin duda una imprevista visita. 

Incidencias 
Pero la alerta naranja también se había declarado en tierra, y aunque no hubo ningún incidente grave, los Bomberos sí tuvieron que acudir a varios lugares por problemas relacionados con las rachas de viento, como a una lona arrancada de cuajo de un camión, en la avenida de Alfonso Molina, cerca de A Pasaxe, pasadas las doce de la mañana. También arrancó el viento parte de la cubierta de una marquesina. 

Ya a las cuatro menos veinte de la tarde, un árbol se desplomó en la calle de Isaac Peral, dañando un coche. Al parecer, estaba podrido, y se partió prácticamente en dos mitades. 

La última intervención de la tarde relacionada con el viento fue la caída de cascotes de la calle de Juan Flórez.

La alerta naranja alteró el tráfico marítimo y causó la caída de cascotes y de un árbol

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