Las cosas han cambiado en Santiago

La catedral compostelana vista desde la plaza de Platerías archivo ec
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Querido amigo, hace ya tiempo que te fuiste y muchas cosas han cambiado en la ciudad del eterno cielo plomizo. Hasta eso, precisamente. Y es que cada vez llueve menos y ese aguacero constante que solía durar seis o siete meses, sino más, se ha ido encogiendo paulatinamente. Ya sabes, el cambio climático.
Pero aquí no nos confiamos. Por si las moscas, todos los compostelanos, los 96.000 censados y los muchos que estudian o trabajan aquí sin estarlo, tenemos siempre el paraguas a mano. Sí, seguimos siendo 96.000 oficialmente, apenas un puñado de miles más que hace una década. Es como si ya no cupieran más, aunque muchos se desparraman ahora por las serviciales urbanizaciones de las vecinas Ames, Teo y Boqueixón.

el nuevo alcalde
Hace un tiempo, antes de las municipales de 2015, mucho se habló de una fusión de todos ellos con Santiago. Quedó en nada. Hasta el nuevo alcalde, llegado precisamente desde Teo, prometió estudiar el asunto. Supongo que habrás oído hablar de él. Algunos le llaman despectivamente “el gorrechas”, pues conocido es su gusto por esas boinas a medio camino entre lo hipster y lo nacionalista, como si con ellas quisiese sintetizar el alma misma de su partido.
También hay quien se refiere a él como el “alcalde 2.0.”. Cosas de la prensa local, con la que está enfrentado. A Martiño lo recordarás de cuando estaba en el BNG, o de cuando después se fue con Beiras a montar aquello de AGE que acabaría siendo el germen de la En Marea actual.
Aquí los suyos se hacen llamar Compostela Aberta y gobiernan en minoría. Y por eso aún siguen negociando los presupuestos de 2017, como pasa en otras ciudades gallegas desde que la irrupción de los nuevos partidos fragmentó las corporaciones.
Llevan casi dos años en Raxoi y la verdad es que muchos compostelanos no perciben los cambios que anunciaban. La ciudad sigue expectante, amigo, y algunos piensan que en el mismo tiempo su amigo Xulio hizo mucho más ochenta kilómetros al norte, en A Coruña.

lavacolla
Es cierto, compañero, que el aeropuerto ha ganado pasajeros en 2016, pero sigue lejos de convertirse en esa gran terminal gallega que centralice todo el flujo de viajeros. Alvedro y especialmente Peinador, que con el impulso de Ryanair ha crecido un 33% el año pasado, amenazan en la distancia corta. Y Sá Carneiro, desde Portugal. Pero hay buenas expectativas en las nuevas conexiones de Lufthansa con Frankfurt y Múnich y de EasyJet con Milán, que llegarán en marzo.

peregrinos
No cabe duda de que esto será otro impulso al siempre exitoso negocio de los peregrinos. En 2016 se batió el récord histórico: 278.000 sellaron la “compostela”. El turismo, junto a la administración y la universidad, sigue siendo el motor de esta ciudad pétrea. Las estrechas calles del centro histórico están atestadas de visitantes cualquier día del año. La plaza del Obradoiro es un hervidero constante y en verano hasta cuesta encontrar una terraza en la que tomarse una cerveza tranquilamente en la zona vieja.

hostelería de capa caída
De bares precisamente quería hablarte. La movida, otra de las señas de identidad de la ciudad, está de capa caída. Bolonia ha llenado bibliotecas y vaciado bares de copas. Los hosteleros de la noche se lamentan. Han cerrado algunos garitos míticos, como La Tita, aquel after al que reptábamos en nuestras noches más licenciosas, o la Casa do Patín en las afueras. El Ruta, adonde íbamos a sudar con los últimos éxitos cuando lo del boom del indie, está casi siempre vacío y solo sobrevive el incombustible Maycar, con su oscuridad, sus angosturas y su set-list eternamente encabezado por Rosendo Mercado.
Lo de los bares no es cuestión menor. Hasta ha provocado un terremoto en el Concello. El edil de espazos cidadáns, el de urbanismo de toda la vida, vamos, está imputado por guardar en el cajón, supuestamente, sanciones a locales de copas. Tendrá que declarar ante el juez en febrero, pero no ha dimitido. Es el primer caso que salpica a un concejal de la marea, aunque nada que ver con aquellos años convulsos de los populares Conde Roa y Currás. ¡En la pasada legislatura pasaron casi más tiempo en los juzgados que en Raxoi!
Aquello le costó la alcaldía al PP, que ahora parece hacerse fuerte en torno al exconselleiro, breve alcalde y runner impenitente Agustín Hernández.
En cambio el PSOE, que gobernó durante casi dos décadas, y el BNG, su socio histórico, parecen eclipsados por la marea. O fagocitados, como se dice ahora. Veremos qué pasa en 2019, aunque para eso queda mucho.

cuestión de fochancas
Hasta entonces, el alcalde de Santiago tendrá que lidiar con otro de los temas estrella de las tertulias de bar: los baches. Las fochancas, vamos. Quien suscribe esta carta sufrió en sus propias carnes, o más bien en las de su coche, el abrupto pinchazo de una rueda que se sumergió en un socavón de la profundidad de la fosa de las Marianas. Y este asunto, todos los sabemos, resta votos.
Como también la más reciente polémica por el alumbrado navideño, que algunos apreciaron obsoleto, otros escaso y, los menos, incluso peligroso. Hasta el gobierno local acabó reconociendo los “errores” de la empresa adjudicataria.

vida cultural
Lo que no tiene “fochancas” es la vida cultural de la ciudad. Es cierto que ya no vienen Dylan, Reed o The Chemical Brothers, como en aquellos macroconciertos de los Xacobeos de vacas gordas, pero siempre hay algún grupo al que ir ver. O una actuación de teatro. O un monólogo.
En las calles suena indistintamente el arpa de un músico de conservatorio o la flauta errática de algún vagabundo, y se hacen festivales ambiciosos, como el Wos Inc, o más modestos, como el Feito a Man. Desde primavera, la calle de San Pedro se convierte en una pequeña Malasaña.
Eso sí, la mastodóntica Cidade da Cultura que soñó Fraga sigue siendo un lunar, sin una programación lo suficientemente atractiva como para que los santiagueses se lancen en masa a trepar por las cuestas del Gaiás. Del proyecto del teleférico nada se sabe, aunque ahora, al menos, el enlace desde la AP-9 ya está en marcha.

muchas cosas han pasado
¡Ah! Y el tren. El recuerdo de Angrois se va diluyendo, pero Álex y Nuria siguen sin montarse en uno desde el accidente y hace poco que dejaron de ir al psicólogo. Tuvieron suerte, pese a todo.
No como la pobre niña Asunta, de la que aún se habla. Y del robo del Códice. Ya ves que aquí pasaron muchas cosas. Y eso que no te he contado nada de lo que sucede en O Hórreo, donde parece que las aguas se han calmado desde que Beiras ya no está. Pero eso, amigo, lo dejo para otra ocasión.

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