Reportaje | La nueva hornada de “triunfitos” conquista la grada en su único concierto en Galicia

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Los que anoche se subieron al escenario del Coliseum no eran Bisbal y Chenoa y su “Escondidos” ni Bustamante y Álex peleando ficticiamente a través de “Dos hombres con un mismo destino”, ni falta que hacía. 
Estaban Amaia, Aitana y los gallegos Miriam, Cepeda y Roi, junto al resto de sus compañeros. La nueva hornada de la factoría Operación Triunfo se llevó de calle al público congregado en el recinto incluso antes de saltar al escenario desde bambalinas. Una amalgama de fans preadolescentes, adolescentes, jóvenes y no tan jóvenes, metidos de lleno en su momento revival 16 años después de aquel primer concierto de OT en A Coruña, corearon nombres y canciones a partes iguales. Y con el “Miudiño” atronando las paredes del recinto de la mano de los tres gallegos –la eumesa Miriam, el compostelano Roi y el ourensano Cepeda– y de un público entregado desde el minuto uno, la noche se vistió de magia y que empezó con “I’m still standing”, una grupal con la que la grada ya hacía presagiar una gran noche. 
El showman Ricky fue el primero en conquistar el escenario en solitario con su versión de “Let you entertain you” y asegurando que su padre veraneaba en Galicia. Y para muestra un botón: se arrancó con “polo río abaixo vai, unha troita de pé”.
Mientras se oía “Heaven” en la voz del “sapoconcho”, las banderas gallegas ondeaban en el Coliseo. Para algo Roi,  se había pasado el día anterior buscando la enseña con convocatoria a través de las redes sociales incluidas. Porque estos chicos son auténticos influencers, de los que lo son casi sin quererlo, y ayer lo dejaron bien claro cada vez que interpretaban una canción y que se iban pasando los relevos sobre las tablas. No faltaron, casi para cerrar el espectáculo, los deseados “No puedo vivir sin ti” –en el que llegó el esperado beso, casto pero lleno de cariño, de Aitana y Cepeda–, “City of stars” –de la eurovisiva pareja de Alfred y Amaia–,“Lo malo” o “La Bikina”.
En la fiesta de OT no faltó la declaración galaica de Raoul –otro medio gallego a sumar al grupo–, el llanto de Thalía al recordar que hace nada era ella la que se ponía en primera fila para disfrutar de los conciertos de sus ídolos, o el precioso “te quiero” de Agoney a su amiga y compañera Nerea.
Y mientras la leona Miriam conquistó su tierra con su vozarrón y presentando su primer sencillo “Hay algo en mí”, Roi y sus sapoconchos se llevaron de calle al público y las gradas se vinieron abajo con Cepeda y su “Say you won’t let go”.
La fiesta nocturna fue una apoteosis, pero la celebración había comenzado justo un día antes. A eso de las nueve de la noche del jueves varias jóvenes acamparon a las puertas del lugar del concierto con dos tiendas de campaña y poco miedo a la lluvia. Que fuese viernes y algunos aún tuviesen clase no impidió una improvisada cola desde bien temprano. Antes de las doce del mediodía la gente que había delante de las entradas ya superaba el centenar.

En el hotel o en el parking
Los que no estaban allí ni en las aulas, aguantaban la espera a las puertas del hotel Attica21 de Matogrande, donde –después que algunos confesaran por las redes sociales que era la primera vez que pisaban Galicia– se refugiaban los actuales ídolos de masas. En paralelo las horas se consumían jugando a las cartas, charlando o, incluso, estudiando al otro lado de Alfonso Molina. 
Era lo que quería hacer parte de la pandilla formada por Lucía, Mónica, Aarón y José, llegados desde Cambre sobre las 11.00 horas, que contaban que había quien tenía que enfrentarse a la selectividad la semana que viene. “Pero por OT lo que sea”, apostillaba uno de los jóvenes.
El del compostelano Roi fue uno de los nombres que más se escucharon en la explanada, donde proliferaron las camisetas de “P’a mala yo” en referencia al verdadero himno de esta edición con permiso de la coral “Camina” y de la eurovisiva “Tu canción”. 
Cris y Ana, de Vigo, contaban  que se distribuyeron en dos turnos de llegada a las seis y a las siete de la mañana con sus amigos, mientras intentaban jugar a las cartas aunque había mochilas con apuntes. Tatiana y Marta, que viajaron desde Pontevedra para asistir al único concierto previsto en Galicia, explicaban a la puerta de su tienda de campaña que habían pasado la noche allí para la ocasión y reconocían que otros fueron más valientes y durmieron al raso. 
Porque sufrir no era sufrir si al otro lado de la cola disfrutaban de su querida Amaia “y de Aiteda”, la pareja formada por Aitana y Cepeda, de la talentosa Amaia, del intimista Alfred y de los gallegos propios y de los nuevos.

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