Un patio verde para los niños del asfalto

QUINTANA. PAJARERA DE SAN DIEGO
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“Aquí todo es cemento y asfalto”, comenta el profesor de matemáticas y ciencias naturales del CEIP Sal Lence. Los niños de su colegio caminan cada día sobre asfalto, juegan sobre asfalto en el patio y estudian entre paredes de hormigón, así que a Rafael Rey le gustaría que estuvieran más cerca de la naturaleza. “Para ellos es algo ajeno, excepto para los que tienen una aldea a la que ir”, comenta. Así que cuando el Ayuntamiento ofreció la pajarera de San Diego al colegio para que la convirtiera en una huerta urbana, la dirección no se lo pensó y aceptó, encargando su supervisión a Rey. 
Esta misma semana presentaron el proyecto al Ayuntamiento, en el que explican cuáles son sus planes y la ayuda que necesitan para llevarlos a cabo, porque Rey reconoce que les espera mucho trabajo por delante. “Son cien metros cuadrados de terreno que hay que plantar y para ello primero tenemos que preparar el terreno, por eso queremos el consejo del Ayuntamiento sobre la mejor forma de llevarlo a cabo”. 
Hay que airear y abonar el terreno, un trabajo muy duro para unos alumnos de quinto y sexto de Primaria, que son con los que piensa trabajar el profesor de ciencias naturales. También será la primera vez para él, puesto que nunca había llevado a cabo ningún proyecto parecido, pero reconoce que le hace ilusión. 
El Ayuntamiento había decidido ofrecer la pajarera al Sal Lence después de que se determinara que la instalación no cumplía con las normativas para seguir acogiendo animales. Y como el Gobierno local mantiene un plan de huertas urbanas para fomentar la agricultura sostenible y el contacto con la naturaleza, surgió la idea de usarla como tal. 
 
Mal orientado 
Pero, a pesar de las buenas intenciones del Ayuntamiento, Rey reconoce que no se trata del terreno ideal, porque está orientado hacia el norte, con lo que recibe poco sol. 
Es por eso que el plan del colegio incluye cultivar plantas aromáticas, como tomillo, que requieren muy poco sol para desarrollarse. “Estamos pensando en dividirlo en tres partes –explica el responsable– y esa será la zona norte”. Al sur se plantarán cultivos más propios de una huerta urbana, como habas y hortalizas, y en la parte donde se encuentra el árbol con el estanque, la idea sería dejarlo en estado semisalvaje, para que los escolares tengan la posibilidad de estudiar cómo se desarrolla un entorno natural. Requiere tiempo y se hará dentro del horario escolar pero no –y eso es lo importante– dentro de sus muros.

Un patio verde para los niños del asfalto