El nuevo Padre Rubinos reforzará el trabajo con “los excluidos sociales”

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Un día más y el Instituto Benéfico Social Padre Rubinos podrá presumir de tener como nueva sede un edificio que está llamado a ser “referencia en Europa”. El inmueble construido por la Fundación Amancio Ortega en una parcela de Los Rosales cedida por el Ayuntamiento durante 75 años, se estrenará al 100% de su capacidad. Así lo anunció ayer el presidente de la institución benéfica, Eduardo Aceña, que señaló que todas las plazas de la escuela infantil, la residencia de mayores y el albergue de transeúntes están ocupadas. No en vano las instalaciones tanto tiempo esperadas nacen para “el uso, goce y disfrute de los excluidos sociales”, con los que se reforzará el trabajo llevado a cabo en Labañou.
La inversión de 25 millones de euros realizada por la Fundación Amancio Ortega, calificada por Eduardo Aceña como “un regalo del cielo”, termina con las apreturas que dominaban la programación de actividades y acciones a los más necesitados de la que ha sido la sede de Padre Rubinos hasta ahora.
La entrega de las llaves, a la que asistirán diversas personalidades como la vicepresidenta de la Fundación Amancio Ortega, Flora Pérez Marcote, y el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, entre otros, se hará coincidir con el comienzo del curso escolar en la guardería del centro. Ayer se celebró la antesala del cambio de manos, en la que se dieron a conocer públicamente todos los recovecos de un edificio cuyas plazas “prefijadas están ocupadas”.
“Lo están las 146 plazas de la residencia de la tercera edad, las 40 del centro de día para mayores y las 95 de la escuela infantil, a excepción de ocho para bebés, gracias a un convenio con el Ayuntamiento que ha permitido que el coste de estas últimas sea de entre 49 y 111 euros”, destacó el presidente de la Institución Benéfico Social Padre Rubinos.

talleres sociolaborales
También está al borde de su capacidad el albergue de transeúntes aunque pueda parecer un contrasentido. Según Aceña todo se debe a que habrá una residencia permanente para 40 personas donde se desarrollarán “itinerarios sociolaborales de carácter personalizado para procurar que la gente adquiera conocimientos y desarrolle sus capacidades para la reinserción laboral y social”.
Las viejas instalaciones no permitían pasar de los cuatro beneficiarios pero en la actualidad el espacio ha cambiado e incluso se les ofrecerá “un lugar de pertenencia y permanencia que les dé seguridad y autoestima”.
Además, el bloque dedicado a la residencia de indigentes integrará un centro de día que abrirá durante todo el año. Este servicio contará con talleres ocupacionales para el entretenimiento de los usuarios. Asimismo, habrá un albergue como tal, destinado a estancias de dos o tres días y por el que los habituales de la organización benéfica –cuyo comedor atiende ya a 130 personas para el almuerzo y a unas 150 para el turno de cenas– ya están preguntando.
Unos 96 empleados se ocuparán de que todo funcione correctamente. Es más, los 62 trabajadores ya en plantilla se mudarán unos días al nuevo Padre Rubinos para hacerse con el edificio de cara al traslado inminente.
Un edificio que se ha dividido en bloques según el espacio que se acoge pero que ha seguido las líneas que se marcaba la arquitecta Elsa Urquijo cuando se presentó el proyecto, allá por abril de 2012.
Urquijo, que fue testigo de las idas y venidas por la realidad tangible y en materiales sostenibles de su obra, hizo alusión a las palabras de Antonio Rubinos Ramos para explicar el por qué de concebir todo el inmueble entorno a una plaza central.

apuesta por el ahorro
“Partimos de la idea de la casa abierta a todos y por ello planteamos una plaza abierta, pensada con orden y sencillez y con una estructura porticada que envuelve el edificio y ayuda a caminar por él”, señaló. Ese espacio juega con la idea del claustro en relación directa con los orígenes religiosos de la institución que ocupará el lugar.
Como en abril, comentó que la arquitectura quiere ser “silenciosa y no abrumar con su charla”. Y no se olvidó de compararla con la forma de hacer de la Fundación Amancio Ortega, pues “sigue una línea horizontal pero que aporta estabilidad”.
Un paseo por la sede deja ver los puntos “diáfanos” de los que habla pero esconde las múltiples soluciones que se han utilizado para aprovechar las energías renovables. La encargada del proyecto aclaró que hay 44 pozos que permiten disponer de un suelo radiante, así como muros que transpiran y no se dejan vender por la humedad. En las terrazas se yerguen paneles solares y las losas descontaminan el aire además de dejar correr el agua de la lluvia para reaprovecharla.
La capilla, la zona de administración y un pequeño bloque para alojar a las diez Hijas de la Caridad que dan apoyo a los servicios a la indigencia completan el proyecto.
Óscar Ortega, el director general de la Fundación Amancio Ortega, que ha corrido con todos los gastos y que posiblemente esté presta a ayudar en un futuro, destacó la gran “ilusión y satisfacción” con la que se afrontó la iniciativa “para poder apoyar a unos de los sectores más vulnerables de la sociedad”.

futuro del viejo edificio
“Queremos seguir adelante a todos los niveles como podamos para ofrecer apoyo a proyectos de esta línea en el entorno asistencial”, anunció.
Por su parte Aceña adelantó que “en septiembre se retomará la fase de negociaciones para que las viejas instalaciones mantengan la finalidad social para la que han sido creadas”. Aunque no avanzó ningún plan, aseguró que se firmarán convenios para mantener la propiedad.

El nuevo Padre Rubinos reforzará el trabajo con “los excluidos sociales”