Un ejército de murales permanece oculto entre el paisaje urbano

un ejército de murales permanece oculto entre el paisaje urbano
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Son pinceladas repartidas al aire libre o en edificios públicos y privados que ofrecen arte como una vía de escape. La ciudad está llena de murales que pasan desapercibidos entre el paisaje gris pero están ahí. A pie de calle como el que saluda a los que están esperando el bus frente al Colón. Se trata del paisaje marítimo que Creo trazó en los años 60. Aderezando con barcos la entrada de la primera sala de fiestas de A Coruña, el Whisky Club. Uno puede ver creaciones extensas en cafeterías como O Miño, en Durán Loriga, todo un conjunto tallado que sorprende a la hora del café como cuando uno entra por primera vez en el Vecchio y se topa con un Lugrís luchando contra las adversidades.
Los hospitales son también museos. En el Chuac uno puede tropezar con obras de Criado o Peteiro repartidas en cada planta y el San Rafael ofrece expresionismo con el menú del día. Para volver a ver el puerto lleno de chalanas con Antonio Tenreiro en Tous y contemplar que allí donde había una cantera, en la avenida de Arteixo, Leopoldo Nóvoa quiso hacerle un homenaje a la materia. En un perímetro donde Seoane hace el paseo más agradable en María Pita. Y arte y mar son la misma cosa.

creo firma un paisaje marítimo de azulejos
entrada del sporting club casino y el swing piano-bar

Las velas y mástiles de barcos despuntan en un horizonte que se disipa entre lo gris

Justo en la pared contigua a la primera sala de fiestas que hubo en la ciudad, el Whisky Club, y en la misma entrada por la que se accede al Sporting Club Casino, Creo plasmaba en el año 65 un paisaje marino sobre azulejos que hoy pasa desapercibido entre tantos elementos urbanos. Una empleada del Whisky Club recuerda cómo el dueño del local, Enrique Martí, era un gran amante del arte y las antigüedades, que se colaban entre la música. De un pub selecto donde solo se podía entrar de corbata. Dentro, los clientes también podían contemplar otro mural de Alfonso Abelenda, que se troceó en partes tras la reforma. La de Creo es, sin duda, una de las piezas en las que uno tiene que fijarse mucho. Para desnudar el mar con las velas de los barcos despuntando en el horizonte.

un referente gallego en cada planta
chuac

Peteiro llena de color el octavo piso del hospital y ofrece la ciudad en bandeja

En todos los vestíbulos del Chuac hay un trozo de arte para hacer más agradable la estancia a los pacientes y fomentar la creación. En la octava planta, este Peteiro se asoma para dibujar de color la mirada. En un retrato de la ciudad donde el recientemente fallecido jugaba a pintar parcelas. En cada una de ellas, utilizaba un color para que el público fuese descubriendo las distintas tonalidades en varios barridos. Además, el hospital hace más grata la espera con “Vista de Riazor”, de Juan Martínez de la Colina y saluda a las visitas con “Golfo Ártabro”, donde Xaime Cabanas lleva al espectador hasta Lorbé. Felipe Criado, Rafael Úbeda e incluso el escultor Acisclo completan el conjunto artístico. Cuenta el arquitecto José Manuel López que todas son donaciones.

una creación pensada para los niños
tous

El único que se conserva de Antonio Tenreiro en A Coruña respira entre joyas

Solo lo pueden ver los que entren en la tienda Tous de la calle de Compostela. Este trozo de mural corresponde a una composición donde Antonio Tenreiro trazó el puerto coruñés a los niños. Porque a ellos estaba dedicado el negocio anterior a la joyería. Esto se confirma por la altura en la que se encuentra una pieza que bebe del impresionismo y se nutre de chalanas. Las que hoy ya no están. El artista demuestra aquí el gran dominio que tenía sobre el espacio. Capaz de configurar un todo en su cabeza. Afortunadamente, la conciencia de patrimonio del propietario hizo que hoy se disfrute entre las joyas de la tienda. Menos suerte tuvo el que creó para el restaurante El Rápido y que se perdió en el tiempo.

un vitral con vistas al ayuntamiento
fundación paideia

Una maternidad laica de Luis Seoane sorprende a los paseantes en María Pita

La Fundación Paideia enseña un vitral de Luis Seoane en unas de las cristaleras que dan a los soportales de la plaza de María Pita. Cuenta su presidenta, Rosalía Mera, que se trata de un emplomado en tres partes donde el creador plasma una maternidad laica. Representada por la mujer, que tiene unas manzanas en el vientre. Cuando lo vio por primera vez Rosalía, no dudó en adquirirlo: “Me pareció tan sugerente que lo compré sin pensar. Esperando encontrarle un sitio que en aquel momento no tenía”. Una vez que la institución se asentó en María Pita, Mera quiso compartirlo con la gente que pasea bajo cubierta en un punto estratégico de la ciudad: “Seguro que Seoane nunca pensó que pudiera llegar a estar aquí”. Por las noches, advierte, se aprecian mejor los colores del vidrio.

un homenaje a los médicos
hospital san rafael

La cafetería del San Rafael respira expresionismo con la obra de José Luis

El hospital San Rafael sitúa en su cafetería un mural del pintor coruñés José Luis, que data de 1969 y en el que plasma el libro de Tobías, en concreto, cuando Rafael, el ángel para la Medicina, realiza la curación de Tobías y ahuyenta el espíritu maligno que atormentaba a Sara. La vinculación del tema con el espacio hace más agradable los tiempos muertos que tienen que pasar los coruñeses en el centro. La creación respira de expresionismo por la presencia de símbolos como la cruz, la vela sin nave y el pez monstruoso, así como por la ausencia del protagonista, que representa lo invisible. De ahí que no se vea. La composición es un homenaje a los profesionales que por vocación se dedican al ejercicio de la ciencia y el arte de curar.

entre la realidad y la fantasía
club del mar

Pedro Bueno cuenta plásticamente la historia de Atlántida de principio a fin

Pedro Bueno estuvo un año completando la historia de Atlántida sobre las paredes de un Club del Mar donde también dejó su impronta Gerardo Porto. El artista selló en 2007 una creación compuesta por un mural y mosaicos que tuvo que paralizar durante el invierno por el mal tiempo para continuar plasmando en primavera su particular visión sobre la mitología marina en una historia con principio y final. Con la idea de que aguantase el máximo tiempo posible, el artista empleó muchas capas de barniz. Esquivando así a los principales enemigos: el salitre y la lluvia. Es así como los socios pueden tomar el sol entre la realidad y la fantasía con una parte inferior protagonizada por seres atlantes y motivos celtas en la que Bueno pegó una a una alrededor de 60.000 teselas.

una oda de leopoldo nóvoa a la naturaleza
santa margarita

La maleza impide ver uno de los ejemplos contemporáneos más monumentales

Leopoldo Nóvoa dejó como legado en la ciudad lo que se conoce como el Tapiz de Piedra o el Mural da Canteira. Se trata de un conjunto escultórico de 700 metros cuadrados que plasmó en 1989 sobre la pared del monte de Santa Margarita como una forma de reducir el espacio de la cantera y preparar el solar para el Palacio de la Ópera. La creación, que se vio afectada por la construcción de una pasarela, apenas se distingue entre la maleza. Sin embargo, es una de las obras más monumentales realizadas hasta el momento desde la contemporaneidad. Que reflexiona sobre la materia. En medio de la urbe, el muro es una especie de fragmento y una metáfora universal sobre los valores originarios de la naturaleza.

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