“Escribo las historias que quiero leer porque voy a estar dos o tres años conviviendo con ellas”

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María Dueñas presentó ayer a los coruñeses \“La Templanza\”, un nuevo reto para una escritora que mantiene la frescura pese a haberse convertido en referente gracias a sus éxitos anteriores.

¿El éxito de sus libros anteriores le influyó a la hora de escribir este?
He intentado encapsularme y que el éxito de los libros anteriores no me influya. Me he planteado \“La Templanza\” como un nuevo reto, una nueva aventura y he podido abstraerme.

¿Le ha resultado complicado meterse en la piel de un hombre?
Mauro Larrea ha sido un personaje muy grato y me lo ha puesto muy fácil. Ha sido un gran compañero de viaje y me he movido en su piel con comodidad.

Aun así, no falta un personaje femenino fuerte...
Siempre hay. Mauro Larrea es un hombre hecho a sí mismo, curtido, solvente. Y está rodeado de mujeres fuertes. Está Soledad Montalvo, esa jerezana refinada que trastocará su destino y que es una mujer que saca las uñas cuando es necesario. También la condesa de Colima o Carola Gorostiza, que provoca el devenir de Mauro en La Habana.

¿Es algún tipo de reivindicación femenina en la literatura?
El peso de las mujeres siempre ha estado ahí, a lo largo de la historia; yo me limito a reflejarlo.

Los escenarios son un elemento importante en sus libros. ¿Cómo los elige?
Los escenarios son una elección consciente. En el caso de \“El tiempo entre costuras\”, por la vinculación familiar con marruecos. En \“Misión olvido\” la vinculación con California es personal y profesional, con el mundo académico. Y en \“La Templanza\” me apetecía adentrarme en el Jerez de los bodegueros, que es una coyuntura evocadora de la que tampoco se conoce demasiado, donde parte del capital era extranjero, británico, y parte de los indianos que regresaban de América en busca de negocio. La historia de Mauro Larrea, que no es un indiano típico, porque está arruinado, le lleva a un México tumultuoso y después, tratando de resurgir, a La Habana y a Jerez.

Las tres novelas hablan de supervivencia, de personajes que resurgen. ¿Es casualidad?
Hablo de gente luchadora, tenaz, con una historia constructiva, pero sin más premeditación.

¿Escribe las historias que le gustaría leer?
En parte escribo las historias que quiero leer, porque voy a estar dos o tres años de mi vida conviviendo con ellas. Tienen que resultarme atractivas.

Lee otros libros durante el proceso de construcción de la novela?
Intento leer otras novelas, para evitar encapsularme en aquello sobre lo que estoy trabajando, pero no es fácil. Mientras escribía \“La Templanza\” leí mucho sobre México, sobre Jerez, sobre Cuba, sobre el comercio de azúcar y de vino...

¿Dónde busca la inspiración?
La inspiración la encuentro estando muchas horas delante del teclado, rodeada de documentos, leyendo mucho, investigando mucho. Desde luego, tumbada en el sofá no me va a llegar.

¿Tiene una rutina de trabajo?
Vengo del mundo académico, así que tengo interiorizada una rutina de trabajo. Me siento, empiezo a leer, a investigar y a escribir y puedo estar muchas horas trabajando.

¿Y en épocas en las que tiene otros compromisos, como la promoción de libro?
Siempre estás pensando en mil cosas, te pueden surgir ideas, pero ahora mi cometido es arropar \“La templanza\” y acompañarla en estas primeras semanas después del lanzamiento hasta que coja vuelo. Es lo menos que puedo hacer para demostrar mi gratitud. El resto ya vendrá más adelante.

¿Ha tenido ocasión de visitar la ciudad?
Desde que he bajado del avión no he tenido tiempo de nada, pero conozco A Coruña desde hace años; es una ciudad que me encanta, en la que tengo buenos amigos.

Quizá podría ser escenario de una de sus novelas...
(Ríe) Sí, podría ser un buen escenario. Quizá en algún momento..

“Escribo las historias que quiero leer porque voy a estar dos o tres años conviviendo con ellas”