Quince minutos coruñeses que marcaron la vida de Eco

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“El péndulo de Foucault” era la última obra salida de su pluma que se asomaba a las estanterías de las librerías mundiales. Y el péndulo de Foucault fue lo que le recibió en su visita a la ciudad en 1992. Umberto Eco, fallecido ayer a los 84 años, dejó una gran impronta en A Coruña, pero quizá no tan grande como la que dejó la ciudad en él. 
Y es que de la visita que realizó en enero de 1992, en la que el alcalde Francisco Vázquez ejerció de cicerone en la Casa de las Ciencias junto a su director, Ramón Núñez Centella, incluso dejó testimonio en su libro “Seis paseos por los bosques narrativos”, que recoge sus charlas en la Universidad de Harvard entre 1992 y 1993. 
“Hace algunos meses me invitaron a visitar el Museo de la Ciencia y de la Técnica de La Coruña, en Galicia, y al final de mi visita el director me anunció una sorpresa y me llevó al planetario”, escribe. Esa sorpresa era, ni más ni menos, que por su 60 cumpleaños. Sobre la cabeza de Eco se proyectó entonces el cielo que se veía entre el 5 y el 6 de enero de 1932 sobre la ciudad de Alessandria, en la que nació el escritor: “Me perdonarán si en aquellos quince minutos tuve la impresión de ser el único hombre sobre la faz de la tierra (desde el principio de los tiempos) que se estuviera reuniendo con su propio principio. Era tan feliz que experimenté la sensación (casi el deseo) de que podía, de que habría debido morir en ese momento. Habría podido morir porque ya había vivido la más hermosa de las historias que hubiera leído jamás en mi vida, había encontrado, quizá, la historia que todos buscan entre páginas y páginas de centenares de libros, o en las pantallas de muchas salas cinematográficas, y era un relato cuyos protagonistas eran las estrellas y yo”. Quince minutos coruñeses que lograron sorprender a un erudito que sabía de todo, o casi.

Quince minutos coruñeses que marcaron la vida de Eco