La defensa del hombre que lanzó ácido a un vecino alega que sufre “trastorno delirante”

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  Abel peña > a coruña

  El hombre de 78 años acusado de desfigurar a su vecino de la calle de capitán Troncoso arrojándole ácido a la cara volvió a comparecer en la sala segunda de la Audiencia Provincial. En esta ocasión no lo hizo por su propio pie: se encontraba mal y fue trasladado en una silla de despacho con ruedas por dos policías nacionales. Uno de ellos tiraba de sus piernas mientras el otro empujaba por el respaldo. Así, hasta colocarlo delante del tribunal pero, cuando le llegó el turno de declarar, J.L.M. resultó ininteligible para los presentes. Su abogado habló por él para señalar que, en caso de ser declarado culpable, debería ser eximido de los cargos,  por padecer un “trastorno delirante” y ser ingresado en una institución psiquiátrica en vez de en prisión por un periodo de nueve años por “delito de lesiones con gran deformidad” y pagar casi 200.000 euros, como pide la acusación.
Ni el fiscal ni los dos letrados de la acusación particular negaron en sus intervenciones que el acusado padeciera algún tipo de psicosis. Lo que ponían en duda es que afectara su “sentido de la licitud”. Es decir, que el anciano sabía distinguir entre el bien y el mal cuando esperó en un rellano a que apareciera el vecino que acaba de testificar contra él en un juicio y le arrojó el ácido.
El mismo frasco que contenía ácido (clorhídrico y no sulfúrico según el acusado) no fue encontrado en el lugar de los hechos, lo que apunta a “una conducta alevosa”, según la acusación, cuyos letrados también resaltaron como la memoria de J.L.M., que alegó muchas veces que no recordaba nada, parecía mejorar según le conviniera.

Dudas > En cambio, para su abogado queda claro que el trastorno delirante de su cliente le impide hacerse responsable de nada de lo ocurrido, e incluso que los hechos mismos están en tela de juicio, dado que tanto la víctima como su presunto agresor estaban solos cuando se produjeron los hechos. Lo que cuestionó fueron las declaraciones de los testigos en otro incidente anterior, en el que hubo una enfrentamiento físico entre el acusado y el presidente de la comunidad, que dio diferentes versiones de lo sucedido en distintos interrogatorios. Un incidente en el que el acusado sufrió, como recalcó el abogado, varias lesiones en la cabeza y la cadera.
Todo ello es suficiente para introducir la duda razonable, en opinión de la defensa. Otro asunto distinto son los cargos de amenazas, porque el acusado había mantenido durante años una tensa relación con los vecinos, en el que llegó amenazar con notas y pintadas además de derramar aceite por los escalones para provocar resbalones. Incluso orinaba  por el hueco de la escalera aprovechando que vivía en el último piso. De todo esto la acusación pudo aportar numerosos declaraciones: prácticamente todos los vecinos, actuales o pasados, subieron al estrado durante el juicio. Sin embargo, del ataque con el ácido no hay terceras personas que puedan corroborar una versión u otra, de ahí que su abogado pida la libre absolución.


 

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