El andamio de una obra enjaula a los clientes y obliga a cerrar el primer Gasthof

El primer local de la cadena echa el cierre en la zona de Riazor | patricia g. fraga

Una de las demandas más repetidas en este mandato político por múltiples sectores fue la necesidad de que se concedieran licencias de rehabilitación u obras en general pero este tipo de actuaciones no siempre son buenas para todos. Depende del punto de vista desde el que se observen y, por ejemplo, a la cadena Gasthof una reforma en el inmueble que ocupa su primer restaurante, que abrieron en 1976 en “una de las esquinas más vistosas de la ciudad, en la calle Rubine frente a la playa de Riazor”, no le ha salido a cuenta. El escaso espacio para los clientes ha empujado a la empresa a cerrarlo, de momento de manera temporal.


En la página web del grupo, recuerdan que la familia empezó esta aventura en el mundo de la hostelería “en apenas 45 metros cuadrados de superficie total” que pese a su reconocida carta y a su fama entre los coruñeses en esta ocasión han restado. Fuentes de la compañía explicaron a este diario que las mesas de dentro del local son insuficientes para el verano y la colocación de andamios cubriendo el edificio ha dejado reducida a la nada la gran terraza que tenían frente a la fuente de las Catalinas.


Bajo la estructura no se puede colocar el mobiliario porque se convierte en una especie de jaula que no convence al consumidor, y alrededor de la misma tampoco hay confianza en que esa caña que se están tomando o ese plato que están saboreando sean totalmente seguros. “La gente estaba temerosa por si caía algo”, aclaran las mismas fuentes, porque una obra siempre da respeto y más cuando se está debajo.


“El local está en una zona en la que el verano te sirve para compensar la cuenta de resultados del invierno, cuando solo puedes trabajar en el interior, que es muy pequeño: con la terraza empiezas a cifrar para el resto del año, vas compensando...”, razonan, para justificar el importante varapalo que supone estar enjaulados en pleno estío.

Otro reducto en el Paseo
“Así es inviable tener la terraza”, inciden desde las oficinas centrales de la cadena –con gran presencia en la ciudad y delegaciones en algunas localidades como Oleiros, Santiago o Lalín–, por lo que ante la falta de capacidad para atender al flujo de consumidores que se crea en la campaña estival decidieron recolocar al personal en el local de Barrié de la Maza, también frente al Paseo Marítimo y la playa del Orzán, y cerrar sus puertas en Rubine; al menos por un tiempo.
En un principio la clausura es “temporal”, inciden, si bien si las obras se prolongan durante mucho tiempo no descartan tener que hacer definitiva esta decisión empresarial. l

El andamio de una obra enjaula a los clientes y obliga a cerrar el primer Gasthof

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