Lo mejor del país se agolpa en la galería de arte Xerión

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La galería Xerión presenta un siglo en bandeja. El de grandes como Laxeiro, Granell o Tenreiro que se agolpan en el mismo espacio con nuevos talentos como Dorda o María Jesús Díaz para celebrar el noveno aniversario de la sala. Cuentan desde el local de Calle de Modesta Goicouría que el pelotón lo componen 42 pintores y otros diez escultores. Referentes todos del arte del país que acuden a la cita para ofrecer un paseo entre bodegones con un Sotomayor adentrándose en el género. Es de lo poco que se puede ver del ferrolano sobre naturalezas muertas.
En este caso, las manzanas se alían con las peras. Muy cerca, otro bodegón de Prego de Oliver se asoma al público junto con un paisaje. En otra composición, Díaz Pardo confirma con el retrato de unas manos clamando justicia hacia el cielo que se trataba de una de sus últimas etapas, cuando lo tétrico se apiadaba de su pincel.
De Mario Granell, el espectador tiene la oportunidad de ver una escena costumbrista, donde una mujer lee en el salón junto a su hijo. Explican desde la galería que son como damitas antiguas. Y después está el mar. Que hace de testigo silencioso. La exposición que se puede ver hasta el día 31 es una oportunidad para los que quieren invertir en arte sin dejarse todos sus ahorros. Desde 150 euros, uno se puede hacer con piezas originales, “obras muy buenas” que van más allá de la plástica.
En este sentido, Patiño deja ver su pequeño universo de bronce donde Galicia es mujer, de piernas rellenas y sombrero de paja. Tiene trenzas. También están las creaciones de Miguel Couto, Ramón Conde, Ánxeles Penas o Márgara Hernández, que ofrece figuras que recuerdan a las de Botero y a la que la galería le dedicará una exposición en los próximos meses. Volúmenes que no alcanzan grandes dimensiones para poder ser observados en su totalidad. Fáciles de adaptarse a cualquier hogar por pequeño que sea.
Xerión invita a picar de la impronta de los que hicieron país a golpe de pincel. Además de facilitar el pago, la sala dispone de  una bolsa de arte que a términos prácticos es como una especie de hucha donde los amantes de la creación van depositando una cantidad al mes hasta reunir la cifra deseada. Esa que les permita plantar un óleo en medio del salón.
Cuentan en Xerión que a partir de los 50 euros al mes, los inversores van alimentando el “cerdito” de barro. Para hacerse con un premio gordo. De un Laxeiro que regala varias de sus figuras o de Tenreiro, del que cuelga una marina de 1954, de las primeras acuarelas del artista, dice la encargada: “Se ve una plaza con bancos y casas”.
Son todo obras muy buenas, advierte. Tesoros que guarda con cuidado desde que hace nueve años abrió una ventana al arte. La calidad hace de imán, asegura, porque la gente controla y en Modesto Goicouría están los mejores.
No hay un nombre que se escape de la lista. Xaime Quesada, Chelín, María Xesús Díaz, Frau, Lugrís Vadillo o Felipe Criado. Para pasar al pincel elegante de Elena Gago o el estilo naif de Jorge Cabezas. Todos caben en el mismo pote. Desde la mujer que se mira a un espejo de González Collado a un paisaje de Rafael Úbeda. Y las mujeres. Ellas siempre son protagonistas.

Lo mejor del país se agolpa en la galería de arte Xerión

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