El PP reivindica la “pasión autonómica sin exclusión” que representaba Fraga

feijóo lee un discurso en el homenaje en el senado a fraga en presencia de varios dirigentes populares efe
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Manuel Fraga cuenta desde ayer, un año después de su muerte, con un busto que le recuerda en los pasillos del Senado, un gesto con el que el PP ha querido homenajear a su fundador y simbolizar en él la política “con mayúsculas” y la “pasión” autonómica sin exclusiones.

En estos días en los que buena parte de los debates se centran en el desapego ciudadano por la política, y otra buena parte por las pretensiones soberanistas en Cataluña, los populares aprovecharon el homenaje a Fraga para personalizar en él la vocación de servicio por un lado y el autonomismo integrador por el otro.

Todos a una. Desde el presidente gallego, Alberto Núñez Feijóo, hasta la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, pasando por el presidente del Senado, Pío García Escudero y el portavoz popular en esa Cámara, Xosé Manuel Barreiro, dieron ese mensaje en este acto.

“La grandeza de un territorio no es compatible con los muros y las fronteras”. Este es, dijo Feijóo, uno de los legados que dejó Fraga, y que en su opinión viene muy a cuento en “estos tiempos de inquietud donde se ponen en tela de juicio principios de nuestra vida en común”.

Y también como ejemplo del galleguismo bien entendido sin hostilidad, frente al nacionalismo “antiguo” del “nosotros solos”, puso Feijóo a Fraga.

 

Con mayúsculas

Barreiro, por su parte, apuntó que ahora que se cuestiona la labor de los políticos se puede decir “muy alto” que la figura de Fraga siempre significará la política “con mayúsculas”. Igualmente ve en el que fue su jefe en la Xunta –Barreiro fue conselleiro del último Gobierno de Fraga– a quien “mejor” supo representar el Estado de las autonomías basado en el “pluralismo” y la “diversidad de sumar y no restar”.

En este acto lleno de representantes del PP, incluidos del Parlamento gallego como su presidenta, Pilar Rojo, o su portavoz, Pedro Puy, De Cospedal puso en valor otro de las herencias de Fraga, la de crear este partido para aglutinar a lo que él llamaba la “mayoría natural” del país.

Como en muchos de los innumerables homenajes a Fraga, se oyeron adjetivos como “tenaz”, “incansable”, “obstinado” o “inteligente” para definirle.

Y no se olvidó nadie de su capacidad de trabajo, la misma con la que llegó al Senado con una furgoneta cargada de cajas y documentos y dispuesto a ponerse a las órdenes de su “jefe”, el ahora presidente de la Cámara y entonces portavoz. “El tiempo que estuvo de senador, ejerció de senador”, dijo García-Escudero para definir el trabajo de Fraga en esta Cámara, donde era siempre el “primero en llegar y el último en irse” en cada pleno.

Tras este acto muy concurrido –apenas se cabía en el pasillo de acceso al hemiciclo– y sencillo “como le hubiera gustado a don Manuel”, en palabras de Barreiro, el busto de Fraga quedó colocado frente a una de las puertas de acceso al hemiciclo.

La imagen de quien fuera ministro de Franco, embajador, diputado, “padre” de la Constitución, fundador de Alianza Popular y del PP, europarlamentario, presidente de la Xunta y senador, le muestra con un semblante muy serio, “apacible como era él” según García Escudero, y mucho más reconocible de perfil que de frente. Y cerca, muy cerca, está otro busto, el de otro histórico político español, aunque de ideología bien distinta: el socialista Ramón Rubial.

Ambos vigilan ya juntos el devenir de esta Cámara, que tampoco está exenta de la desafección ciudadana y cuya necesaria reforma sigue en boca de todos y también planteó el propio Fraga.

Y es que, como recordó Feijóo, “don Manuel” quería que esta Cámara funcionase de “bisagra” para que la relación entre las distintas partes del Estado se produzca “sin chirridos”.

Ahí queda su busto para atestiguar si eso ocurre.

El PP reivindica la “pasión autonómica sin exclusión” que representaba Fraga