El centro de la ciudad perdió un 10% de su arbolado en lo que va de década

Los árboles que sustituyen a los talados tienen que ser necesariamente de mucho menor porte, como estos de la avenida del Puerto | patricia g .fraga
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En verano es cuando más se agradece caminar a la sombra de los árboles, y cuando más se les echa de menos. Sobre todo en el centro de la ciudad, donde se ha perdido el 10% de arbolado en desde que empezó la década, según fuentes expertas en el patrimonio arbóreo coruñés. Se da la casualidad de que aunque no han dejado de plantarse ejemplares en la periferia, en los barrios centrales, desde la Ciudad Vieja a Cuatro caminos, han ido desapareciendo los árboles de mayor porte, gigantes que se levantaban en los jardines de Méndez Núñez, San Carlos o Santa Margarita, los que tienen mayor valor histórico y económico.
Hay que señalar

que las ciudades son para los árboles un entorno tan agresivo como para los series humanos. “Sufren un estrés tremendo en el centro de la ciudad porque tienen muchas perturbaciones”, explica un experto. Los árboles crecen en un entorno muy contaminado, en un suelo que normalmente no es el más adecuado, sin espacio para extender sus raíces, y sufriendo toda clase de ataques, no solo de animales, lamentablemente.


La capacidad de filtrar el aire de un árbol se denomina “efecto tampón”, pero no es lo mismo repartir el impacto entre muchos ejemplares que forman parte del bosque que en unos pocos individuos. El resultado es que los árboles de ciudad tienen una vida mucha más corta que sus congéneres del rural o el monte. “Con la edad empiezan a tener achaques y pueden ser peligrosos, si se cae una rama”. Además, una de las funciones más valoradas de los árboles, la estética, deja de cumplirse cuando se enferma. “Pero renovar estos árboles es muy complicado por su altísimo valor histórico y económico.
Especímenes de laboratorio

De hecho, en el mercado no se pueden encontrar ejemplares de gran porte, sino arbolillos de tamaño más bien pequeño que no pueden cumplir las mismas funciones que los árboles crecidos a los que sustituyen. Un ejemplo de ello es la avenida del Puerto, donde recientemente se han plantado varios ejemplares jóvenes para sustituir a los que antaño sombreaban la avenida. “Son árboles de laboratorio, manipulados para tener ramas más estrechas, un crecimiento más vertical, hojas más pequeñas y coriáceas que resistan mejor la contaminación”, explican. Por otro lado, cada vez se seleccionan mejor las especies para que se adapten al lugar donde se plantan.


Pero que haya menos árboles en el centro no quiere decir que cada vez haya menos árboles en la ciudad. Al contrario: su número se ha incrementado durante el último mandato en más de dos mil ejemplares, pero tienden a plantarse en las zonas periféricas, donde hay más espacios, como calles más anchas y grandes parques.

Además, muchos vecinos no quieren árboles en sus calles, porque les resultan molestos: les tapan el sol, y sus hojas caen sobre los coches y pueden hacer resbalar a niños y gente mayor. A veces, las ramas se cuelan por las ventanas. “Somos muy arboricidas”, se lamenta un experto. Los que consideran los árboles una molestia están de enhorabuena, porque el fenómeno de deforestación del centro de la ciudad continuará. Los expertos apuntan a que los chopos de la plaza de Ourense serán los siguientes.

El centro de la ciudad perdió un 10% de su arbolado en lo que va de década