La antigua cárcel abre sus puertas con un aforo máximo para 25 personas

La jornada inaugural contó con agrupaciones como Son d’aquí | patricia g. fraga
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Cuando Marieta salía de Adormideras y enfilaba la Torre la veía a un margen, gigante, pero quizá porque de pequeña vivía los veranos con su tío en la prisión de Ortigueira, siempre le tiraron este tipo de edificios. Estaba deseando verla por dentro. Paloma le tenía miedo. Desde el Orzán caminaban por el paseo y cuando la divisaban “estaba todo a monte”, cruzaban y seguían rodeando el mar: “Hoy veremos un acto de dignidad con la gente que estaba dentro”. 
Entre la expectación por entrar a la vieja prisión provincial se colaban unos turistas de La Bañeza (León), que se acercaron a ver qué pasaba al ver tanto barullo porque ayer fue un día de fiesta y la cárcel se vistió como tal. 
Sonó a gaita y bailó pasodobles. Después de siete años de impás, de idas y venidas, y mucha desesperación por parte de Proxecto Cárcere, la asociación abrió la puerta y el hall fue exposición, concierto y escenario para la danza. Fue de todos los quisieron hacerla suya, con la única condición de que se disfrutó de 25 en 25, porque los pocos metros cuadrados que se rehabilitaron no permiten más visitas. 
Antes de poner un pie dentro, Mariola Mourelo explicó que habían adoptado el sistema mancomunado de los montes gallegos, donde cada uno es propietario siempre que la use como “una casa con fume”, que entren y salgan dejando el fuego encendido. 
Serán los “moradores” de la cárcel, igual de válidos que los amigos trabajadores, voluntarios como los que colaboraron ayer para dejarla impoluta. Rubén, de la Comisión por la Recuperación de la Memoria Histórica, habló de la importancia de conservar lo que allí se dio, la lucha por la libertad. Adrián comentó la manera de controlar el aforo. Fue el encargado de trazar la rampa y el baño adaptado a personas con discapacidad porque sin eso, Proxecto Cárcere tenía claro que no quería empezar. 
El inmueble sería de todos para todos y en esas están. Cantareiras da Comuna, Micki y amigos, Samuel Galán o Alba Cotelo, que le pusieron banda sonora a la libertad.

El colectivo recoge firmas ante el retraso de la segunda fase de la reforma hasta diciembre

“Colles unha pedra e deposítala ao saír”. De primeras, la entrada a la vieja cárcel no será fácil, sí la salida, al contrario que cuando era prisión, porque la Ley de espacios no permitirá más de 25 personas en el interior y las que estén accederán cogiendo una piedra y dejándola al marchar. Será así por lo menos hasta que Proxecto Cárcere no disponga de más estancias, algo que previsiblemente no se materializará hasta 2019 ya que la segunda fase de las obras anunciada para septiembre y que destinará 130.000 euros a cubrir los agujeros del tejado se pospondrá hasta diciembre, según les comunicó la semana pasada el Ayuntamiento. Por eso, ayer el colectivo se vistió de fiesta, pero también de reinvindicación recogiendo firmas para “unha cárcere máis e mellor” e impedir un nuevo retraso que sumar a los siete años que tuvieron que esperar para abrir la puerta. Le quitaron el cerrojo a ritmo de gaita y pasodoble con Son d’aquí y sin dejar de recordar el dolor que se guardó con llave. En la entrada, una de los miembros, Mariola Mourelo, habló de los principios. Todas las actividades respetarán los derechos humanos fundamentales. No  habrá machismo, ni racismo. Tampoco se acogerán actos políticos. Se dejará el espacio como se encontró o mejorado. Aquí la moneda de pago puede ser una tarde de limpieza o al frente del edificio, gestionándolo. Comienzan con un hall y las salas de los laterales que, en su día, fueron la de cacheo, vis a vis o la biblioteca. Desde un ventanuco se ve el panóptico, pero de momento es territorio prohibido. l

La antigua cárcel abre sus puertas con un aforo máximo para 25 personas