Las escuelas del grupo Eusebio da Guarda

Escuelas de Eusebio da Guarda, en una imagen de comienzos del siglo XX

Lejos de quedar satisfecho Eusebio da Guarda con aquella gran obra realizada de dar a A Coruña el Instituto da Guarda, el 30 de marzo de 1895 se ofreció a levantar otra escuela en las inmediaciones del Instituto.
El propósito abrigaba desde hacía tiempo construir un edificio dedicado a escuela pública de primera enseñanza para cederlo gratuitamente al municipio con aquella condición de dedicarlo exclusivamente a escuela. El Ayuntamiento aceptó dicho ofrecimiento en su sesión del 3 de abril de aquel mismo año.
Se componía el cuerpo escolar de un aula para niñas, otra de niños y un parvulario en medio de ambas. Formando todo, la parte central del edificio. Comprendía de vestíbulo, locutorio, guardarropa, cuarto de lavabo o de aseo, clase o sala de escuela, salón de recreo, que a su vez servía de comedor y un patio, destinando el pabellón de la planta superior para las habitaciones particulares de los maestros.
La clase que acogía al parvulario tenía capacidad para albergar hasta 100 escolares y tenía 12 metros de largo por uno de ancho y 5,5 metros de alto, que venía a ser todo 84 metros cuadrados. Aquel inmueble comprendía además un gimnasio, que tenía su entrada independiente por la fachada lateral a la explanada del Orzán, para servicio de las escuelas de niños y niñas.

desaparición
Aquella construcción haría inevitable la desaparición del lavadero del Caramanchón, así como la expropiación de unos 555 metros cuadrados de construcción cubierta que correspondía a los almacenes de Marzal, de cuya expropiación se debían incorporar a las escuelas 358 metros cuadrados.
El resto quedaba para abrir una calle de 12 metros de ancho que se proyectaba a la derecha entrando al nuevo edificio, y de este modo comunicar la calle de la Cordelería con la explanada del Orzán, plano que levantó el 30 de marzo de 1895 Faustino Domínguez Coumes-Gay.
El grupo escolar sufrió modificaciones mediante los planos levantados por Antonio Tenreiro en 1935, que hace la obra de remodelación añadiendo un cuerpo a cada lado del edificio, presentando en la actualidad un aspecto uniforme en sus líneas.
Los terrenos de Marzal, en esta época, pertenecían a doña Carlota Pequeño, que será representada por su marido Saturnino Aller. Cedió aquellos terrenos por su justo valor, sin llegar al expediente de expropiación para no dilatar el procedimiento, otorgando el 12 de diciembre de 1895 ante el alcalde Luis Argudín Bolívar el acta de compromiso.
Por esta se obligaba a ceder aquel terreno por la cantidad de 35.000 pesetas. Las obras de demolición se comenzaron a realizar en marzo y finalizaron en junio de 1896, quedando el solar explanado y en condiciones de iniciar la cimentación del edificio escolar.
Las escuelas para niños y niñas serán idénticas y por la disposición de las aulas alojarán unos 80 alumnos. Sus medidas serían de 14 metros de largo por 1,5 de ancho y 5,5 metros de alto, cuya superficie alcanzaba los 109,44 metros cuadrados.
Las referidas clases estaban comprendidas en las condiciones exigidas por Real Decreto de 3 de octubre de 1883 para las aulas de las escuelas públicas municipales y en caso de necesidad podían elevar hasta 100 el número de alumnos.
Una vez terminado el grupo escolar se hizo entrega de este al Ayuntamiento, representado por el alcalde Manuel Ramírez y Rodríguez Trujillo y por el procurador síndico José Luis Pereira. Se realizó mediante la escritura de donación que autorizó, en 15 de diciembre de 1896, el notario José Pérez Porto, cumpliendo así la voluntad del testador, que se manifestaba en la cláusula décimo quinta, donde se ordena que sean puestas a disposición del Ayuntamiento para que este las disfrute y las conserve como recuerdo del otorgante que quiso dar a A Coruña esta nueva prueba de afecto y acendrado cariño.

homenaje
Sobre la obra de Eusebio da Guarda González seguiremos escribiendo mucho y de este modo podremos rendir un merecido homenaje a Evaristo Romero Banet como custodio de muchos y notables documentos históricos.
Hay que hacerlo también extensivo a su hijo Huberto Romero Kopp, por las facilidades que ha dado en el visionado documental que posee y que ha puesto al alcance de todos los coruñeses.
También sería una gran satisfacción para el propio Eusebio da Guarda González ver estudiar a su descendiente familiar, una sobrina-nieta suya, en el colegio que levantó y donó a A Coruña y en el que estudiaron y estudian miles de coruñeses.

Las escuelas del grupo Eusebio da Guarda

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