Riazor sopla 75 velas

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Un rectángulo luz azul que brilla desde la distancia en la noche herculina y que muestra el camino al templo deportivista. El Abanca Riazor que cumple hoy 75 años en los que ha sido testigo y vivido de todo: alegrías y penas deportivas, grandes gestas y dolorosas decepciones.

Que fue sede del Mundial 82 de fútbol, que ‘queimou o meigallo’, que enmudeció con el penalti de Djukic, que celebró la única liga del Deportivo, que soñó con el cetro europeo en las grandes noches de Champions, que lloró los tres últimos descensos, vibró con los ascensos y que ahora ve como transita, por segundo año seguido, su equipo en la categoría de plata.

Un campo que ya ha visto competir a las jugadoras del Deportivo Abanca, aunque solo en el Teresa Herrera, y que sufrió una importante remodelación la temporada pasada. Un nuevo aspecto, en tiempos difíciles.

Campo bendecido
Tal día como hoy en 1944, el capellán municipal, Ricardo Rodríguez Dopazo, bendijo el escenario que acogió el día siguiente un partido entre el Deportivo y el Valencia, si bien su inauguración oficial fue en el encuentro entre las selecciones de España y Portugal del 6 de mayo de 1945. El nuevo campo, que sustituyó al Parque de Riazor, situado a un centenar de metros del actual, se levantó en un terreno que adquirió el Ayuntamiento por 300.000 pesetas (1.800 euros) y el proyecto fue obra del arquitecto Santiago Rey Pedreira, según los datos que constan en la web del Deportivo.

La construcción del estadio, un escenario de casi 40.000 metros cuadrados y con un terreno de juego más grande que el actual (105 por 74 metros, en lugar de 105 por 68), superó los cinco millones de pesetas (30.000 euros) y su capacidad fue la más alta de toda la historia, con 32.000 espectadores sentados o 40.000 de pie.

De aquel campo se conserva el obelisco de más de 45 metros que, tras una de las remodelaciones, ha quedado fuera del recinto, la Torre de Marathon, que nació para seguir las pruebas atléticas.


Riazor, que debutó con derrota (2-3 ante el Valencia), fue considerado gafe en sus inicios, pero ese escenario, que acogió el Mundial de 1982, para el que fue profundamente renovado, ha sido testigo de la mejor etapa de su inquilino (es de titularidad municipal). Ahora afronta una etapa más modesta.

Riazor sopla 75 velas

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