• Domingo, 23 de Septiembre de 2018

No fue un héroe anónimo

No fue un héroe anónimo, ni un héroe de leyenda o de ciencia ficción.

No fue un héroe anónimo, ni un héroe de leyenda o de ciencia ficción. Fue un hombre de “carne, sangre y hueso” como diría Unamuno. Fue un joven, de origen gallego, Ignacio Echeverría que murió asesinado en Londres el 3 de Junio al hacer frente a los terroristas para evitar la muerte de otra persona.
Ignacio Echeverría no fue un fanático, ni un mártir, ni tampoco un suicida. No actuó por venganza, ni temerariamente. No buscó publicidad. Lo hizo, con gran presencia de ánimo y totalmente caonsciente, es decir, a sabiendas del riesgo que corría y de que ponía en grave peligro su vida pero, pese a ello, no dudó en “dar su vida por salvar a otro”.
Esa decisión, de arriesgarlo todo para salvar a otro, convierte a su autor en un auténtico héroe de la humanidad. Cuando el fanatismo radical de los yihadistas les lleva a inmolarse matando a los infieles que no piensan como ellos, la muerte heroica del joven Ignacio Echeverría es el ejemplo más extraordinario e impresionante de generosidad, al dar la propia vida por salvar a los demás.
A nadie se le impone ni se le exige la heroicidad. Esta es una prenda de las almas nobles, generosas y abnegadas e Ignacio Echeverría fue un ejemplo de servicio a esos valores, que rubricó con su sangre.
Frente al odio, el miedo y el terror, nuestro héroe reaccionó con valor ejemplar en defensa de sus semejantes, amenazados y víctimas del terror.
En aquellos momentos y circunstancias no pensó en huir ni en esconderse u ocultarse para salvar su vida. Actuó con enorme entereza y coraje, frente a los asesinos.
Es justo calificarle de “héroe de la humanidad”, pues no dio su vida en defensa de ninguna causa política, religiosa, económica o social. La dio para salvar a un semejante y en ese acto, singular e impresionante, se demostró la firmeza de sus convicciones y el más hermoso gesto de generosidad hacia los demás.
Ya en la Antigüedad Clásica se decía que “el varón al que aman los dioses, muere joven”.
Nosotros, para terminar, afirmamos que Ignacio Echeverría murió, víctima del odio y el rencor, el 3 de Junio. Pero ese mismo día nació, y ya para siempre, el héroe.