jueves 22/10/20

Un caso sobre pornografía infantil destapa una red de peleas ilegales de perros en Málaga

Vídeos encontrados en un caso de pornografía infantil han llevado al Equipo de Investigación del Seprona de la Guardia Civil de Málaga a desarticular una red que desde 2011 se dedicaba a organizar espectáculos

Los animales no recibían ningún tipo de asistencia veterinaria a pesar de las lesiones sufridas
Los animales no recibían ningún tipo de asistencia veterinaria a pesar de las lesiones sufridas

Vídeos encontrados en un caso de pornografía infantil han llevado al Equipo de Investigación del Seprona de la Guardia Civil de Málaga a desarticular una red que desde 2011 se dedicaba a organizar espectáculos de peleas ilegales de perros de razas peligrosas de extrema crueldad, según informaron fuentes de la investigación.

La llamada operación “Kennels” (perrera, en inglés) se saldó con la apertura de una investigación a cuatro personas –uno de ellos se hacía llamar Paco Kennels– por la supuesta comisión del delito de maltrato animal de manera continuada.

La investigación se inició el en agosto a requerimiento del Juzgado nº 2 de Fuengirola (Málaga) a raíz del hallazgo de un delito de maltrato animal en el marco de un proceso judicial por delitos de pornografía infantil en el que se encontraron varios videos donde se observaban peleas de perros, algunos de ellos de especial crueldad. Al visionar las imágenes, los agentes del Seprona pudieron comprobar la existencia de estas peleas en la que algunos de estos animales sangraban abundantemente como consecuencia de las heridas que se producían.

Asimismo, pudieron observar como los propietarios y asistentes al espectáculo ilegal jaleaban y animaban a los perros a enfrentarse violentamente, lo que facilitó también su identificación.

Continuando con las investigaciones, la Guardia Civil logró averiguar el lugar y la fecha de la comisión de los delitos además de localizar a los organizadores y participantes de las peleas.

GENTE DE "CONFIANZA"
Durante la investigación se pudo constatar que las luchas de perros eran organizadas en lugares previamente acordados a través de las redes sociales y a las que solo asistían personas allegadas y de especial confianza.

Uno de los lugares habituales para organizar las peleas era el criadero que poseía uno de los investigados, Paco Kennels, en el que tenía habilitado y acondicionado un “ring o reñidero”, donde un arbitro dirigía las peleas.

Durante las peleas, ponían música a todo volumen para evitar que desde el exterior se pudieran escuchar los alaridos, aullidos y ladridos estremecedores de los perros.

Además, los animales no recibían ningún tipo de asistencia veterinaria a pesar de las lesiones sufridas, limitándose después de las peleas a refrescar a los canes con agua para rebajar la excitación, tensión y pulsaciones. Aquellos que sobrevivían a la pelea eran después vendidos por su resistencia física.

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