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Comer en La Galera: La Esquina de Valentina

Nacho Moreira de La Esquina de Valentina. I LA ESQUINA DE VALENTINA

Detrás de la Esquina de Valentina se encuentra Nacho Moreira, un joven de 27 años al que le apasiona el mundo de la cocina. Con 25 años abrió este restaurante situado en el número 14 de la calle Galera, dónde es imprescindible comer con las manos: “la Esquina de Valentina fue una oportunidad. Primero conseguí el local y después surgió la idea. Yo estaba trabajando con Dani García en Madrid cuando comenzó todo”. 

 

El local abrió sus puertas el 11 de agosto de 2020, pero la idea empezó a cocinarse mucho antes: “tuvimos un montón de problemas con las licencias y con los constructores y después, nos encerraron por culpa del COVID. En marzo de 2020 ya teníamos la mitad de la obra hecha. La Esquina tenía que ir para adelante sí o sí”, afirma Nacho.  

 

Nacho decidió apostar por una carta dónde todo se come con las manos: “la gente se sorprende con el concepto. Queríamos hacer una cocina adaptada a la velocidad que tiene la calle en dónde estamos situados. Y de ahí salió la idea de hacer bocados trabajados pero para poder comer con las manos”, añade el chef. 

 

La carta se compone de 11 platos, entre los que destacan el bocata de caldeirada de raya; las croquetas de pollo asado sin bechamel, el bocata de xarda con algas o el bao de guiso de curry. A mayores, suele tener varios platos fuera de carta con los que juega, innova y sorprende a sus clientes: “uno de los platos que más llama la atención es el bocata de caldeirada de raya, que realmente es un guiso de caldeirada metido en el pan; y también las croquetas de pollo sin bechamel. En lugar de mantequilla utilizo la grasa que suelta el pollo en el momento en el que lo asamos; la leche, la reemplazo por caldo de pollo”. 

 


A mayores, cada plato tiene un pan especial que diseña junto a la panadería Santa Cruz. Para elaborar el pan del bocadillo de xarda recurren al agua de mar y a las algas; el de codillo, por su parte, solo lleva vino: “para conseguir el de vino casi nos volvemos locos. Nosotros poníamos vino en la masa del pan pero los sulfitos del vino mataban la levadura, entonces no fermentaba y quedaba plano. Probamos con mosto, pero no tenía color. Fueron meses duros de trabajo para conseguir el resultado perfecto, pero mereció mucho la pena”. 

 

Nacho considera que el elemento diferenciador que tiene la Esquina de Valentina es la sorpresa que se llevan los clientes la primera vez que van a comer: “la gente se encuentra con algo completamente diferente a lo que esperaban. Desde fuera ves un restaurante pequeñito, con mesas pequeñas, y no piensas que vas a encontrar recetas trabajadas. Nosotros echamos bastantes horas realizando la preparación previa. Los guisos llevan bastantes horas, por ejemplo. Y eso se ve reflejado en el plato. Y sorprende. Porque es un sitio muy pequeñito, pero puedes comer cosas que seguramente esperabas encontrar en un sitio de más nivel. Comes ensaladilla, comes croquetas, comes caldeirada de raya y comes codillo asado, pero a nuestra manera. El pan le da un toque especial y los acompañamientos, también marcan la diferencia. Y además nos divertimos mucho trabajando. Lidia, Pablo y yo estamos orgullosos de lo que hacemos y la gente lo nota”, afirma Moreira con voz de entusiasmo. 

 

Valentina seguimos sin descubrir quién es. Existe, pero Nacho prefiere guardarse el secreto. 


Comer en La Galera: La Esquina de Valentina

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