Martes 11.12.2018

Vigo, una ciudad con muchas dudas y algunas certezas

Vigo es la primera ciudad gallega en población. Y el municipio que genera la mayor riqueza en términos absolutos de la Comunidad Autónoma. Lo fue en 2016 y probablemente se mantendrá en 2017.

Panorámica de la zona costera y portuaria de Vigo	a.P. Vigo
Panorámica de la zona costera y portuaria de Vigo a.P. Vigo

Vigo es la primera ciudad gallega en población. Y el municipio que genera la mayor riqueza en términos absolutos de la Comunidad Autónoma. Lo fue en 2016 y probablemente se mantendrá en 2017. También ha sido y es por sus propias características sociales y políticas una permanente fuente de conflictos. Y ahora, un laboratorio para experimentar los efectos de una “hípermayoría” en el consistorio, hecho nunca antes conocido en la más meridional de las Rías gallegas, donde los alcaldes han sido inestables o efímeros y a menudo ambas cosas.
Vigo es ciudad en general caótica y muy libre, con una clase empresarial dinámica y emprendedora aunque la situación ha cambiado: por voluntad de los ciudadanos rige un poder a tono con su mayoría absoluta que gestiona y protagoniza toda la actualidad. El dinoseto, un arbusto con forma de saurio plantado en la Porta do Sol, podría ser el exponente visible de este nuevo estado de las cosas.

identidad
Vigo encara 2017 con muchas dudas y algunas certezas. Entre las primeras, su propia identidad. ¿Qué es hoy? En datos objetivos, una ciudad de 297.000 habitantes, por tanto con unos 50.000 más que la segunda, A Coruña, y que mantiene como pilares de producción los mismos que medio siglo atrás: básicamente las industrias de la automoción y la construcción naval y el sector marítimo.
Por una paradoja, conforman al mismo tiempo sus principales fortalezas y debilidades, como se ha podido constatar periódicamente con los momentos de crisis.

sistema
Que no por casualidad han coincidido con un declive poblacional, un hecho inédito en la historia de la urbe viguesa, que había crecido sin parar desde principios del siglo XIX hasta convertirse en la primera urbe gallega en los años sesenta, lo que a su vez provocó un caos urbanístico notable: reconvertir lo que había sido una especie de centro rodeado de parroquias y aldeas en una ciudad es una tarea todavía por completar y los sucesivos planes generales (tres) han fracasado sistemáticamente. Sobre ello volveremos más tarde.
Pero en definitiva, lo verdaderamente relevante es que la automoción –PSA mantiene sus planes industriales con nuevos modelos ya comprometidos– y el sector marítimo –la lonja es la primera de Europa y los astilleros han tenido una leve recuperación en 2016– dictarán el futuro próximo.

el área metropolitana
Vigo se va normalizando en el aspecto administrativo. La mayor ciudad de Galiciay la número trece de España ha sido una singularidad, aunque cada vez menos con la instalación progresiva de servicios propios de una capital, hecho reconocido de forma expresa en el articulado de una ley de 2016 del Parlamento de Galicia, la del Área Metropolitana.
A día de hoy, dispone de prácticamente todas las dotaciones provinciales, salvo la sede de la Diputación –hay una delegación, de uso declinante– y de la Subdelegación –había una oficina, que cerró.
Cuenta con Audiencia Provincial, registros de la Propiedad y Mercantil, todos los juzgados y oficinas de Tráfico y otras dependencias. Y además, con una Delegación Territorial de la Xunta: a efectos de la Administración autonómica, Galicia se divide en cinco “provincias” y no en cuatro.
Una de ellas se corresponde con el área metropolitana, conformada por 14 ayuntamientos y cuya puesta en marcha ha creado otro foco de conflictos internos. Ya hubo un intento hace tres años frustrado. El pasado verano todo parecía acordado y firmado aunque la Xunta exigió que el transporte metropolitano como condición previa, incluyendo en la ley del Área una disposición específica. El asunto promete continuar como caballo de batalla de una Alcaldía cimentada sobre dos principios innegociables: política de calle (aceras, bancos y presencia abrumadora) y confrontación sistemática. Un modelo de éxito creciente en las urnas que augura dos años de guerra permanente, hasta la próxima cita electoral. Este 2017 se han abierto frentes contra la Xunta, Zona Franca y sobre el Área Metropolitana, con un contencioso judicial.

la alcaldía
Lo que se haga desde la Alcaldía pesa más en Vigo que en cualquier otra ciudad porque históricamente, el municipio ha pivotado de forma excesiva en torno a su ayuntamiento, como institución propia y principal, aunque no única.
Otros dos organismos, que en el pasado reciente fueron incluso más importantes, el Puerto y Zona Franca, parecen haber perdido peso o al menos proyección. La Autoridad Portuaria es al mismo tiempo un eje básico de organización y regulación del movimiento en los muelles y las lonjas y una Administración implicada de forma directa en la vida de los vigueses. P
or poner un ejemplo, Beiramar una de las principales vías de la ciudad, es de titularidad portuaria: ahí no puede actuar la Policía Local. En cuanto a Zona Franca, ha funcionado como una agencia estatal de desarrollo comarcal, capaz de invertir 40 millones al año.

urbanismo
Vigo tampoco tiene Plan de Urbanismo tras anularse el del año 2008, que fue fruto de un parto complicado y cinco años de debates. El resultado final fue un documento que entró en vigor justo cuando el ciclo económico comenzaba a decaer por lo que su aplicación real ha sido mínima.
Contemplaba la posibilidad de que se pudieran construir miles de viviendas más para una ciudad que podría llegar a alanzar los 400.000 habitantes, pero esta previsión era solo una proyección de máximos.
La realidad ha sido justo la contraria y la anulación por los tribunales ha llevado a que Vigo se encuentre ahora regida por las normas urbanísticas de 1993, que dibujaban una ciudad más constreñida, frente al expansionismo planteado a inicios del siglo XXI, cuando todo parecía posible.
El futuro está por escribir, pero los datos no sonríen: las últimas proyecciones de población señalan una caída mantenida durante los próximos quince años por una letal combinación de saldos vegetativos y migratorios en negativo. Y si Vigo se atasca, a Galicia no le irá bien.

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