Jueves 18.04.2019

Joaquín Achúcarro: “La OSG es una orquesta de dimensión mundial, que se puede sentir orgullosa”

Tocará hoy y mañana con la Sinfónica el “Concierto en Re menor”, de Mozart, con el que debutó con 13 años

El pianista, Premio Nacional, dice que todos los días aprende algo nuevo en la música | sara martínez
El pianista, Premio Nacional, dice que todos los días aprende algo nuevo en la música | sara martínez

Lleva un día en la ciudad y está encantado porque todavía no se topó con un solo ser desagradable y todo fluye entre notas de Mozart; un, dos, tres, el pianista tocará hoy y mañana en el Palacio de la Ópera la misma obra con la que debutó con 13 años: “Concierto en Re Menor”, del gran Wolfgang Amadeus. Contó Achúcarro que interpretándola se dio cuenta de que quería dedicarse a eso, que no es otra cosa que transmitir lo que cree que dicen los compositores y, en este caso, Mozart “es de una profundidad tal que mete miedo”. Después, la tocaría infinidad de veces, hace dos años con la Orquesta de Barcelona y la última con el subdirector Ono: “Nos salió un bonito concierto”, y de ese bolo saltaron a Japón para regalarla en esta punta del mapa.

A  lo largo del tiempo, el pianista fue entendiendo a Mozart, que es absolutamente inconcebible por la percepción, la profundidad y “la manera cómo pinta murales con pinceles pequeños. La pincelada es perfecta, el mural es magnífico y la música es increíble”. Para encontrar a otro de raza parecida, el Premio Nacional dice que hay que rascar en el repertorio de Bach “por la facilidad con la que escribía, pero por ejemplo Beethoven, discípulo de Mozart en cierto modo, paría sus obras con dolores de parto”. Su maestro, en cambio, lo hacía tranquilo y salía perfecto: “Es incomprensible tanta imperfección”. Hoy lo expresará en directo, a las 20.30 horas, bajo la batuta de James Conlon, director musical de la Ópera de los Ángeles, y arropado por la OSG, “una orquesta de dimensión mundial, que se puede sentir legítimamente orgullosa de su nivel”. 

A estas alturas de la película, el Premio Nacional de Música, conoce sin conocer a los autores que toca. Habla del mundo interior de Brahms y de Ravel y cuando le recuerdan todo su listado de reconocimientos, sus ojos claros se aclaran más todavía para afirmar que ellos están muy por encima y que no hay día que no aprenda, que se dé cuenta del significado de un fragmento porque “el presupuesto es inferior al precio en esta profesión”. Él le dedica entre cuatro y seis horas a tocar y se pregunta qué es talento.

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