Jueves 13.12.2018

El trapicheo vuelve a las viviendas de San José tras la última redada policial

Los agentes habían irrumpido allí el 20 de noviembre y detenido a nueve miembros del clan de narcotraficantes

El punto negro del Lugar de San José, ayer | abel peña
El punto negro del Lugar de San José, ayer | abel peña

Hace una semana, en su reunión semanal con representantes de vecinos y comerciantes, celebrada en la comisaría de Lonzas, los mandos de la Policía Nacional proclamaban el éxito de la operación que había tenido lugar el 20 de noviembre. Tras la detención de nueve personas, daban por desmantelado el punto negro de venta de drogas de San José, regentado por un clan gitano. Sin embargo, a día de hoy, la actividad ha vuelto a esas casas ruinosas e incluso podrían estar acometiendo reformas para mejorar el lugar, dispuestos a quedarse allí por mucho más tiempo, según todas las apariencias., a pesar de los esfuerzos policiales .

Ni siquiera el incendio que se declaró en esas ruinas el sábado 24, y que movilizó a tres dotaciones de Bomberos parece haber sido suficiente para acabar con uno de los más antiguos puntos negros de la periferia. Además, de los nueve detenidos, dos eran menores, y otros tres fueron puestos en libertad. Además, la operación “Margen” se vio empañada por la escasa cantidad de droga incautada: apenas 20 gramos de heroína y otros 20 de cocaína, lo que no impidió que los agentes lograran demostrar tráfico de drogas y que un juzgado aprobara la prisión provisional para tres de los nueve detenidos. 

Más de una década 
Lo que no ha podido impedir la Policía es que el negocio continúe. El clan de A Moura lleva más de una década regentando el lugar y la Policía Nacional reconoce que adoptan medidas de seguridad que hacen muy difícil una intervención. Antes de la redada del 20 de noviembre, la droga, ya preparada en papelinas para su venta, era transportada todos los días por una hija de la jefa de la organización, la cual
acudía con su pareja. 

Se averiguó, además, que los dos detenidos menores de edad colaboraban en la comisión del delito bajo las órdenes de la matriarca del clan, que era la abuela de uno de ellos. Otros miembros del clan que han resultado detenidos tenían asignadas labores de vigilancia y seguridad, así como de control de los consumidores que acudían al lugar.

Un fumadero 
Cuando los policías irrumpieron en la vivienda que ocupaba el matrimonio que dirige el clan, los agentes se encontraron con cuatro consumidores que estaban fumando heroína en un cuarto habilitado para ello, situado en la planta baja, siempre bajo vigilancia, porque no se fiaban de sus clientes, con los que habían tenido enfrentamientos por cuestiones de la calidad del producto.

En Orillamar se retomó la actividad después de una gran operación policial



De hecho, la venta de la droga se realizaba a través de una ventana de la cocina con un enrejado exterior para mayor seguridad. Los que consumían su dosis allí mismo, lo hacían en condiciones calificadas por la Policía Nacional de “deplorables, con suciedad y humedad”.


Eso sí, solo permitían que se consumiese la droga fumada. Si los toxicómanos querían pincharse, tenían que salir a una casa situada al lado y que estaba en estado ruinoso. En dicho lugar los agentes encontraron las inevitables jeringuillas. .

A la espera del derribo 
A día de hoy, vuelven a ser docenas de consumidores los que acuden a diario a ese lugar, ya sea a pie, en coche o incluso en el autobús municipal que llega hasta Meicende; es un flujo de personas que se incrementa los fines de semana y que no tiene visos de acabar. La solución más drástica sería el derribo de las casas, como ocurrió recientemente en As Eiras, en Meicende, donde también se localizaba un punto negro de trapicheo y que el Ayuntamiento de Arteixo consiguió demoler.

Pero el lugar de San José, situado en medio de dos términos municipales, es más complejo. Hace años que los propietarios de las viviendas no se acercan por sus fincas por expresa recomendación de la Policía para evitar enfrentamientos o falsas denuncias de clan de A Moura. Algunos querrían que el Ayuntamiento les expropiara, para así deshacerse de un problema, pero esa medida definitiva nunca parece estar próxima.

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