viernes 25/9/20

Una segunda Caracola volverá a reproducir los sonidos del mar en Punta Herminia

Una segunda “Caracola” conquistará Punta Herminia después de que la primera no aguantara las embestidas del viento y el salitre, sobre todo, las del último temporal que terminó de descolgarla de la base.

El último temporal dejó colgando la escultura, de la que ha quedado un rastro en el cemento | patricia g. fraga
El último temporal dejó colgando la escultura, de la que ha quedado un rastro en el cemento | patricia g. fraga

Una segunda “Caracola” conquistará Punta Herminia después de que la primera no aguantara las embestidas del viento y el salitre, sobre todo, las del último temporal que terminó de descolgarla de la base. Sin embargo, su autor Moncho Amigo ya habló con el técnico municipal.
La Caracola dañada de muerte permanece en las instalaciones que el Ayuntamiento tiene en A Grela y el escultor ya encargó las piezas para su sustituta en el taller con el que trabaja. Él las reproduce primero en madera, “todo desmontable” y sobre esas plantillas de chapas de madera, los profesionales las repiten en acero corten y en la dimensión precisa para que la caracola tenga la misma presencia de antes. Amigo explica que lo hacen con las mismas imperfecciones que él quiere para ella porque “sino no vale para nada”.
Señala que la original “estaba mucho peor de lo que pensaba y aunque no cayó, se fue para delante y se corrió la base de cemento”. De no haber roto, hubiera tenido más vida pero al fragmentarse la parte más delicada, esto aceleró su deceso.
La Caracola que Amigo define como “fantasmagórica, una especie de molusco” sufrió la erosión del mar, pero también los actos vandálicos de visitantes que se dedicaron a tirar piedras en su interior. Así que se dejaron de escuchar las olas, “tenía la función de trompetilla y también se escuchaba a los marineros que estaban próximos”.

Vandalismo
En este sentido, cuenta que a los irrespetuosos “les hacía gracia porque la piedra al caer por su estómago hacía un ruido curioso”.
Para Amigo, la pieza funciona estéticamente: “Casi oyes el mar de Mera, que es también una función de la escultura que oigas sin oír” y que veas formas más allá del esqueleto.
En la interpretación de su pieza, Amigo cuenta que quiso jugar con los montes de Oleiros, suaves, que se ven enfrente como una especie de sueño: “La hice en madera, la coloqué, me gustó y se acabó”.
Asegura que el proyecto está en marcha, pero que depende del “ok” de María Pita para su instalación. Añade que “será lento por los trámites” y el hecho de que dependa de que lo encajen o no en sus presupuestos.
Mientras, en el taller donde le proporcionan el material y las máquinas necesarias para una obra de tal envergadura tratan de darle las curvaturas que Moncho pensó y llevó a la madera para que se mueva porque si no se mueve, malo.

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