Los pacificadores del ocio nocturno con más años de servicio

Higinio y Charly, a la puerta de la discoteca Pirámide, donde trabajan actualmente | quintana

Pagar las copas a trescientas pesetas, fardar en un Ford Fiesta blanco al ritmo de Hombres G o hacer de los 501 la prenda exclusiva puede sonarle a película en blanco y negro a muchos de los que aún hoy en día pasan por el filtro de Carlos Alberto Arcos ‘Charly’ (1971) e Higinio Martínez (1967). Sin embargo, todo aquel que haya pisado el ocio nocturno en la ciudad y en la comarca en las últimas tres décadas los habrá visto en el local de moda correspondiente. Desde la legendaria Pachá a Pirámide, pasando por la Calle de Cristal de Laracha, Teyma en Ponteceso o la larga lista de aperturas y cierres de la etapa dorada del Orzán. De toda la vida y en el lenguaje popular porteros de la noche, controladores de accesos según la normativa y en la cultura popular una figura cuya importancia va mucho más allá del “quiero entrar en tu garito en zapatillas”.


Décadas de experiencia


Entre los dos suman 67 años en la noche, y cada fin de semana aún ponen orden en la puerta de Pirámide. Una paciencia a prueba de bombas... etílicas. “Muchas veces dices que lo dejas, pero luego te llaman otra vez y vuelves”, comenta Higinio.


Ninguno responde al estereotipo hormonado y televisivo por el que apuestan algunos locales. Su eficacia y la confianza que despiertan no se entrena en un gimnasio. “Trabajar en A Coruña es más o menos fácil, se trata de una cuestión de respeto, no hacia ti, sino hacia la gente, y eso es lo que te hace evitar un conflicto”, subraya. Charly, por su parte, se sabe buena parte de las caras de memoria. “Aún repiten algunos que iban a Metro, y siguen igual que cuando tenían 20”, bromea.


Los hábitos nocturnos


En pleno debate vecinal sobre la idoneidad de algunas zonas de ocio nocturno y el comportamiento de los clientes, aquellos a los que les tocó lidiar con lo peor de varias décadas diferencian entre actitudes y peligros. “Percibo esa falta de educación de ahora como algo genérico de la sociedad”, comenta Higinio. “Cuando eras crío, si un mayor te decía algo, te ponías firme y te callabas”, agrega. “La culpa es de los padres”, matiza Charly.  


Sin embargo, volver a los 80 es hacerlo a una época de la que, afortunadamente en muchos casos, apenas existen testimonios más allá del relato oral. “Hablamos de otra época. Ahora dicen que todo es peligroso, pero los 80 y los 90 lo eran mucho. Una vez, me sacaron una porra extensible con gas dentro; sacamos a la gente fuera, con unos pisando a otros para salir”, lamenta Higinio. “Antes no había control de nada. Franco había muerto diez años antes y todo era nuevo. Las drogas eran nuevas, los bares eran nuevos, era normal llevar armas... Nada es comparable”, prosigue. Del mismo tiempo llega el peor recuerdo de Charly: “En Pachá me intentó atropellar un cliente con el coche, y en ese momento perdí los nervios y la cabeza; entré por la ventanilla y le di una paliza. Si no me llegan a parar...”.


Reconocimiento


¿Hasta qué punto merece la pena trabajar donde los demás de lo pasan bien? La primera reivindicación pasa por el reconocimiento. “Debería ser una profesión reconocida, somos como las prostitutas. Nos anunciamos en el periódico, todo el mundo sabe que existimos, pero es ilegal. Que nos reconozcan de una vez”, reivindica Higinio. “Soy conserje en un pabellón de deportes, y nunca me pidieron un carnet”, replica Charly.


Una profesión en el limbo y una remuneración alejada de cualquier convenio: de los 50 euros estandarizados en buena parte del ocio nocturno coruñés (en horario de 23:00 a 4:30) a los 20 euros por hora que reivindican los dos decanos. Como decía la introducción de El Equipo A: si tiene usted algún problema y los encuentra, quizás pueda contratarlos. 

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