
A Coruña tiene muchos edificios icónicos, bien por su construcción, su estilo o su importancia. Presumimos de faro romano, de palacio municipal, de galerías de La Marina, de La Terraza, de Riazor, de Torre de Control Marítimo... son muchos los ejemplos, pero hay uno que marcó a varias generaciones.
En plena sala de estar de los coruñeses se alza el Avenida, una de las grandes obras de González Villar. Al haber sido un cine nos puede hacer pensar que sus memorias serían más bien cinéfilas, pero para muchos coruñeses era también una pregunta. Si hoy prevalece el “¿quedamos en el Obelisco?” esa pregunta antaño se cambiaba por otra: “¿Quedamos en el Avenida?”. Y es que, pese a que de puertas para adentro se contó parte de la historia del cine, de puertas para afuera se contó la de A Coruña y la de muchos coruñeses.
Así lo recuerda Paco Lodeiro, que viaja en el tiempo para rememorar a su pandilla, “habituales de La Solana”. “Y, ¿cuál era el punto de encuentro? Delante del Cine Avenida”. Pero no eran los únicos: “A principios de los 80, la chavalería coruñesa no tenía WhatsApp, no había redes, la manera de quedar era físicamente en un sitio y el Avenida era muy recurrente”, apunta. Y lo era porque se trataba de un lugar cubierto y con buena ubicación: “Ibas a tomar unos churros, ibas a la confitería La Coruñesa... había todo el ocio para adolescentes alrededor”.
El expresidente del Dépor, Augusto César Lendoiro, también lo ubica así. “Era parte del circuito que era Cantones, Calle Real y la zona de los vinos”, explica, y añade que “el cine era el lugar de encuentro fetén de los coruñeses”. Y rememora ese entorno: “Uno de los lugares que aproveché mucho con mi entonces novia fue el Somozas, detrás del cine, daban un pulpo espectacular”.
También era “punto de encuentro para quedar con la pandilla” para la artista Julia Ares, que bromea en materia cinéfila. “De adolescente, íbamos al Riazor, que molaba más, el Avenida era de viejos”, dice riendo.
Xoel López habla de la zona como “un ideal de calle ociosa”, al recordar La Ibense, la confitería y el Avenida: “Hacían como un pack de cultura, gastronomía y ocio”, afirma el cantante, que recuerda “meterme allí de niño, en esa configuración, que era como un pasillo que daba la vuelta”.
Esa configuración también cautivó a un joven Borja Quiza: “Me entusiasmaba meterme dentro, me gustaba dar la vuelta por detrás de la puerta central”. Pero el barítono también vio allí por primera vez ‘Willow’, “una película que me entusiasmaba”.
Otros como Xurxo Souto también vivieron memorias cinéfilas, aunque las suyas más “traumáticas”, con cintas como ‘Bambi’ o ‘La bella durmiente’. Pero el músico también guarda recuerdos del espacio en sí: “Era moi emocionante entrar por ese pasillo, longo, que era como un túnel, cos fotogramas das películas”.
Manuel Arenas asegura “tener muchos recuerdos”, tanto de los locales del entorno, como del cine en sí: “El Avenida era mi segunda televisión”, dice el librero, que vio allí ‘La vuelta al mundo en 80 días’ y “las de James Bond”.
Memorias cinéfilas tiene también la escritora Nieves Abarca: “Creo que mis amigas y yo vimos ‘Cyrano’ tres veces seguidas”.
El Avenida también forjó la “manera de ser” del exministro de Cultura César Antonio Molina, gracias a la película de Robert Wise ‘Helena de Troya’. “Tengo enmarcado el cartel original italiano”, asegura quien apunta al Avenida como “el inicio de mis amores imposibles”.
La alcaldesa, Inés Rey, recuerda ver el ‘Robin Hood’ de Kevin Costner. Pero sus memorias también son familiares: “Es una parte fundamental de mis recuerdos de infancia. Mi padre conseguía que el portero nos dejase pasar a mi hermano y a mí, mientras él hacía cola, para escoger los asientos más codiciados”, cuenta.







