El sector privado sigue a medio gas

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En los últimos días han sido varios los organismos y servicios de estudios los que han puesto blanco sobre negro las previsiones sobre la evolución de la economía española este año y el próximo. Ninguno apuesta porque el PIB alcance este año una subida superior al 5%. En el Gobierno, especialmente Sánchez y Calviño siguen haciendo oídos sordos e insisten en que la recuperación es robusta y que España va a estar liderando el crecimiento. Es una mentira que no se sostiene y no sólo porque lo digan organismos nacionales e internacionales o porque las cifras del paro sean buenas si se incorporan a ellas ERTE, autónomos en cese de actividad o empleo público, sino porque el último informe del Banco de España sobre la marcha de las empresas lo asegura con datos ya reales de los primeros nueve meses del año.

La rentabilidad media de las empresas sigue más de un 33% por debajo de los niveles pre-Covid. De hecho, las empresas con rentabilidades negativas superan las cifras de 2019, cuando ya rondaban el 26%. El Banco de España alerta de que estos datos se refieren al periodo enero-septiembre por lo que la subida de la inflación, la crisis de materiales y materias primas y los precios de la energía impactará aún más en las cuentas de las empresas y no augura nada bueno para el cuarto trimestre y los primeros meses del próximo año. También deja claro que las plantillas medias siguen siendo casi un 4% inferiores a las de 2019. Y eso a pesar de que muchas empresas con problemas de abastecimiento están manteniendo las plantillas para sostener las empresas abiertas aún cuando no pueden producir y satisfacer la demanda. El caso más claro es el sector del automóvil que ya ha pedido al Gobierno que, ante la situación que viven de menores ventas y pedidos atascados, al menos no cargue al sector con más impuestos en 2022 como tiene previsto.

Pero, además, si nos fijamos en los hogares, las cosas no mejoran mucho, la inflación ya se ha comido 9.000 millones de poder adquisitivo y cerca de 5.000 millones de sus ahorros. Aún así, el Gobierno sigue mirando para otro lado, cerrando unos presupuestos ficticios y pensando de dónde rascar más dinero. No le vale con las subidas de impuestos, ni con desafiar a Bruselas con los fondos europeos, ahora quiere de nuevo abrir el melón de la “armonización” fiscal de los territorios, lo que básicamente significa subir los impuestos en las Comunidades Autónomas que los han bajado o piensan hacerlo.

El sector privado sigue a medio gas