Diez años sin los mellizos de A Coruña: los mató su padrastro "un día malo"

Momento de la detención de Javier Estrada
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Hace diez años ocurrió en A Coruña un crimen espeluznante. Un hombre, Javier Estrada, mató a dos hermanos mellizos, Adrián y Alejandro, hijos de su pareja, María del Mar Longueira, porque se levantó de mal humor después de que esta le negase sexo. Ella también acabó entre rejas por maltratar y consentir.


Ni un atisbo de arrepentimiento ante tamaña atrocidad. Este hombre, natural de Villablino, en León, y nacido en 1989, está en la actualidad en un módulo de destinos del penal de A Lama, en Pontevedra. Se ocupa de tareas de mantenimiento y, en su celda, tiene acompañamiento.


La Audiencia Provincial de A Coruña emitió una providencia en la que dispuso para él un total de 20 años como límite de cumplimiento de la pena privativa de libertad.


Javier apenas había pegado ojo la noche anterior a los homicidios.

Estaba alterado, así lo confesó, porque su novia no había querido mantener relaciones.


Cabreado, la mañana del 21 de agosto de 2011 se quedó en el tercer piso del número 13 de la calle Andrés Antelo al cuidado de los pequeños, de diez años.


Su "mujer", como él la llamaba, y a la que conoció a través de una agencia de contactos, se fue a su trabajo, en un restaurante.


A media mañana tuvo Javier la ocurrencia de enseñar a Adri y Álex cómo era el funcionamiento de los relojes de aguja. Los chicos no sabían interpretar la hora y tampoco entendían bien sus explicaciones. Eso le enfureció sobremanera. "Ahí me puse muy nervioso", contó en el estrado.


Cogió la barra de un armario, agarró el sillín de una bici. Y, de los golpes mortales, mejor no recordar más detalles. Culminada la barbarie, los colocó juntos, con las cabezas giradas, como si ambos estuviesen dormidos.


El autor de esas muertes violentas ansiaba un vástago, propio, y sus problemas de fertilidad los encajaba muy mal.


Pablo Bergantiños, el padre biológico, tardó horas en enterarse de lo ocurrido.

Mari, la abuela materna, se quedó rota al conocer lo sucedido. Con ella vivía David Liste, el primogénito de Mar, entonces de 35 años, fruto de su relación con un vecino de Carballo.


David nunca entendió que Mar dijese que Javier era el amor de su vida. A él no le gustaba y se había cambiado de hogar, para instalarse con su yaya en la avenida Pérez Quevedo.


Una década atrás, tenía 17 años. Y tuvo que madurar de repente. "No tiene perdón", relató en aquel momento, horrorizado.


Tampoco entendió David la razón por la que su progenitora incurrió en omisión de socorro.


La jueza instructora dijo que ella no había asesinado a los pequeños pero tampoco había hecho nada para evitar que eso ocurriese; es más, los maltrataba, igualmente, señaló la magistrada. Al final, en la causa, Mar fue condenada: le cayeron 12 años y nueve meses de prisión.


"Se me fue la cabeza". Este fue todo el acto de contrición de Javier Estrada.

Él mismo llamó a la Policía y esperó en casa junto a los cuerpos. 

Diez años sin los mellizos de A Coruña: los mató su padrastro "un día malo"