El hombre en cuyas manos estamos, del Rey abajo, todos

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Tengo la impresión de que, del último rifirrafe político-jurídico, el de los indultos, salimos todos profundamente desgastados: el Gobierno; la oposición; las instituciones, comenzando por el Parlamento, que está como ausente; los medios de comunicación, que nos hemos dejado enredar a veces en extremismos torticeros; la mayor parte de los ciudadanos... Todos menos, claro, el independentismo en general y Esquerra Republicana de Catalunya en particular. ERC y su líder Junqueras/Mandela se alzan como los árbitros de una situación complicadísima que no estoy seguro de que tengan capacidad para gestionar. Más bien, estoy casi seguro de que carecen de capacidad para gestionarla.


Me parece que el principal problema con Oriol Junqueras es que le van a considerar el Nelson Mandela de Cataluña. Y que él puede llegar a creérselo. Y entonces caerá en el mismo error fatal en el que incurrió aquel 27 de octubre de 2017, cuando desniveló la balanza en favor de la declaración de independencia, en lugar de por la convocatoria de elecciones a la que Iñigo Urkullu, en su labor de mediador, había ya convencido prácticamente al entonces president de la Generalitat, Puigdemont. Y así, los dirigentes del ‘procés’, toda Cataluña y, en buena medida, el resto de España, nos metimos en una espiral malévola, dañina para todos.


Ahora, Esquerra, que ha ganado la partida de los indultos de manera incuestionable, puede dejarse llevar por la prepotencia y por las voces insensatas que piden ‘da caña a España’. Claro que también puede que hayan aprendido la lección en el ‘aula’ de Lledoners y se avengan a negociar mejoras para los catalanes y para la autonomía catalana, sí, pero no la independencia, ni el referéndum, ni la amnistía, ni un trato para esta Comunidad comparativamente intolerable para el resto de las autonomías. Nada de esto, confío en que Pedro Sánchez lo tenga muy presente, es negociable.


Las posiciones poco trasparentes y contradictorias del Gobierno y los pasos desconcertados de la oposición ayudan poco. La falta de moderación de un sector de la sociedad, polarizada como hacía décadas no lo estaba, también me parece otro elemento que empuja en contra. Lo peor, insisto, es saber que estamos, del Rey abajo todos, en manos de alguien como Junqueras, el hombre que engañó a Soraya Sáenz de Santamaría, el que impulsó la declaración de independencia ‘in extremis’, el que secretamente se cree, ya digo, un Mandela salvador de la patria. Pero, claro, siempre hay algo peor que lo peor: lo realmente malo es que ese señor, dotado de un carisma indudable, gana las elecciones. Y no queda otro remedio que contar con él, guste o no, que es que no mucho, la verdad.

El hombre en cuyas manos estamos, del Rey abajo, todos