Envían a los gatos de la Torre a la cárcel por comerse a los pájaros

Los gatos de la Torre, en una imagen reciente
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Quien la hace la paga, y tener instintos asesinos o, por lo menos, depredadores, no es ninguna excusa. Eso es lo que opina la Concejalía de Medio Ambiente, que ha ordenado trasladar a las proximidades de la cárcel provincial a los gatos de la colonia de Adormideras, que se cebaban en la fauna que habita en los espacios verdes de la Torre de Hércules, como los polluelos que descubren en los nidos que hacen en los matorrales.


La concejala de Medio Ambiente, Esther Fontán, asegura que no existe más remedio: el entorno de la Torre de Hércules es un ENIL (Espacio Natural de Interés Local), y eso obliga al Ayuntamiento a cumplir unos rígidos requisitos de conservación. Eso implica proteger la fauna de los ataques de estos pequeños depredadores. “Hay muchas especies de aves que anidan en el suelo”, advierte.


Es preocupante que puedan romper los huevos, y pueden ahuyentar a la madre y hacer daño a los polluelos. Pero eso no quiere decir que la Concejalía de Medio Ambiente no aprecie los instintos depredadores de los gatos. “Tienen la función de mantener a raya a las ratas”, señala la edil. Eso no quiere decir, matizan, que no se realicen campañas de desratización, pero los gatos son “colaboradores”.


Medida polémica

Por su parte, la asociación Gatuchiños, que se encarga de cuidar a la colina de gatos de la zona, no está muy conforme con el traslado. Cree que los felinos volverán al escenario del crimen y que la medida será inútil. Fontán comprende las reservas de esta asociación, pero asegura que no tiene más remedio: como suele ocurrir, los culpables tienen que ir a la cárcel para que los inocentes puedan sentirse seguros en sus casas o en sus nidos, en este caso en concreto. 


Esther Fontán explicó que están en ello desde hace meses, aunque no es fácil, porque los mininos son animales de costumbres y, como todos los gatos, son recelosos ante la presencia humana. “Todavía no los hemos trasladado a todos”, reconoce. Primero hay que trasladar la caseta de la colonia y luego “cazar” a los gatos. “Pero en seguida lo cogen el hábito”, afirma la concejala. Son más de una docena de animales los que todavía merodean entre Adormideras y la cárcel, poco dispuestos a cumplir su condena.

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