La tragedia del ‘cartoonist’

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Siempre he sido un gran admirador de los ‘cartoonists’, esos dibujantes que sintetizan, con humor, o/y con ferocidad, lo que ocurre o debería ocurrir en el panorama de la actualidad. Muchas veces, una viñeta resume mucho mejor que una crónica lo que está sucediendo. Ahora, los ‘cartoonists’ españoles están de luto: Iglesias se ha cortado la coleta. Y uno de ellos se duele: “ahora, con todos estos guapos que tenemos en la política, ¿cómo sacar punta a sus caricaturas? El corte de la coleta de ‘el coletas’ es una tragedia”. Vaya si lo es. Ayer, uno de los mejores dibujantes de humor que tenemos en el país, Tomás Serrano, publicaba una viñeta en la que solamente aparecía una mata de pelo: “por fin me he cortado a Iglesias”, decía la coleta. Sospecho que, por mucho que el ex vicepresidente sobresalga en su nueva faceta de ‘periodista crítico’ o por muchos volatines que dé en su vida privada, Iglesias aparecerá pocas veces ya en los dibujos de humor.
No he podido resistirme a participar en esta necrológica política. Y entiendo a mi amigo: se nos ha ido ‘el pelucas’ Piugdemont, que ya no interesa, y su sucesor Aragonés, por poner un ejemplo, es incaricaturizable. El rey actual, Felipe VI, nada que ver con su padre. Sánchez y Casado no dan mucho de sí para estos artistas. Y las facciones regulares de las mujeres que irrumpen en la política ofrecen pocas posibilidades para la sátira del lápiz.


Fraga, que sí era bastante ‘cartoonizable’, me dio, rara avis, la razón un día en el que le comenté que el Fraga real había acabado pareciéndose al Fraga que dibujaba Peridis. Y Wolinski, uno de los dibujantes de Charlie Hebdo nos sorprendió un día a un pequeño grupo de contertulios asegurando que no habían sido Woodward y Bernstein quienes acabaron con la carrera de Nixon, sino los ‘cartoonists’ que le convirtieron en ‘tricky Dick’, ‘Dick el tramposo’, con su larga nariz de Pinocho.


Puede que una de las señales de que ha acabado una era, un tanto convulsa, consista en que Iglesias ya no estará en las viñetas de Ricardo, ni en las de Gallego y Rey, ni en las del Roto, ni... La Puerta del Sol de hace diez años, tomada por los ‘indignados’, poco tiene que ver con la actual. Y puede que el gran ególatra, que se aupó a lomos de aquella indignación, esté disfrutando en estas horas de sus últimos titulares, las últimas portadas. Todo lo que haga a partir de ahora será peor que cortarse la coleta. Adiós, Pablo, adiós. Solo siento, la verdad, que te vayas por mis amigos los ‘cartoonists’.

La tragedia del ‘cartoonist’