LO DE GRECIA

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Dudo mucho de que quede alguien en el planeta, al menos en el hemisferio norte, que todavía no se haya enterado de que en Grecia tienen una movida muy heavy, por explicarlo de forma técnica. Llevamos días en los que no se habla de otra cosa, en parte porque las decisiones que toman ahora los griegos nos pueden afectar después –y mucho– a españoles y europeos.
Es levantar una piedra y salir un tertuliano que conoce de sobra la realidad griega: desde el sesudo analista que se ha empollado la wikipedia hasta el que estuvo allí de crucero, pasando por alguno que, de verdad, sabe de lo que habla.
El resto de los mortales solo conoce lo que lee en la prensa y los comentarios que inundan las redes sociales. Creo que ya se han hecho todos los juegos de palabras posibles con “el terrible dracma griego”, lo de “no tiene grecia” y demás aportaciones al festival del humor, incluidos los chistes con los nombres de los ministros griegos.
Después de que Varufakis abandonara el campo de juego entre ovaciones, sale Tsakalotos, que parece bautizado aposta para deleite de tuiteros y otras gentes de mal vivir. Para los amigos, Euclides, nombre matemático donde los haya, aunque el más famoso colocó la Tierra en el centro del Universo, que parece que es lo mismo que están haciendo estos con Grecia y Europa.
Dejando de lado la eterna lucha Norte-Sur, que adquiere mayor interés si le sumamos el juego de poli bueno y poli malo, la verdad es que la sociedad griega se encontraba en una dicotomía –palabra griega, por supuesto– que, como dice una amiga mía, se resume en elegir entre bocadillo de uñas o bocadillo de pelos. La democracia –gran invento local, aunque en estos tiempos se han relajado y ya dejan votar a mujeres y esclavos– dijo “no”, aunque ellos lo pronuncian “oxi”, lo que también ha servido para incontables gracietas con lo de oxi-geno, oxi-action y así hasta el infinito y más allá.
De momento, el juego sigue porque, en realidad, a ambos les interesa. Eso sí, con Varufakis, que presentó su dimisión pese a haber ganado, al margen. Quizás por aquello de que, al cambiar al entrenador, victoria segura.
O, al menos, seguir con el tira y afloja a ver hasta dónde da la goma. Ahora el presidente griego tendrá que cumplir lo prometido. Y, ya saben, lo prometido es deuda. 

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