Soraya y Faes

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No le ha faltado razón a Faes, la fundación que preside José María Aznar, al señalar la facilidad con que el Partido Popular asume culpas que no le corresponden y da por bueno el relato que de él hacen sus adversarios. Así ha sido un poco siempre, aunque en tiempos del expresidente éste se hacía más de temer y las réplicas eran más frecuentes y contundentes. De un tiempo a esta parte, sin embargo, el buenismo gratuito y un conciliador reparto de responsabilidades con la oposición, cuando son negativas, domina el discurso del PP. Y ya, con lo de la mano tendida, se está llegando al paroxismo. El propio nuevo portavoz del Gobierno, el también ministro de Educación, Méndez de Vigo, responde como anillo al dedo a este blandito perfil.
En línea con lo dicho, a Faes le ha molestado de forma especial el que la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, en recientes declaraciones a una emisora de amplia audiencia, calificara de error tanto del PP como del PSOE el no haber trabajado previamente juntos para llegar a un acuerdo sobre el vigente y siempre polémico estatuto de Cataluña, en lugar de haber procedido de forma unilateral unos y otros.
Tiempo le ha faltado a la fundación aznarista para recordar a la hoy también superdelegada del Gobierno en aquella comunidad que no cabe repartir culpas porque el maridaje entre izquierda y nacionalistas se había plasmado en el célebre pacto del Tinell (diciembre 2003), en cuyo anexo se excluía la posibilidad de cualquier acuerdo con el PP tanto en Cataluña como en las instituciones de ámbito estatal. Se trató en definitiva de una posibilidad vetada por quienes, sobre la base de la exclusión del Partido Popular, hicieron un estatuto con plena conciencia de su inconstitucionalidad.
No comparto la tesis de quienes han querido ver en la réplica de Faes una crítica a la nueva política del Gobierno hacia aquella comunidad. Se ha pretendido más bien –creo– dejar sentado que “la buena idea” de apurar las posibilidades de diálogo no debería haberse llevado al extremo de soslayar los compromisos que en defensa de la Constitución el PP asumió en solitario con el recurso presentado ante el TC y que en lo fundamental fue avalado por el alto tribunal. Habida cuenta del habitual escaso compromiso de la vicepresidenta con el partido, no pocos han visto en esa su omisión una velada crítica a la política llevada allí a cabo por el Gobierno popular en aquellos años. En todo caso, la contrarréplica de Martínez-Maíllo ahondará las distancias evidentes entre la vieja guardia y los jóvenes barones. El vicesecretario de Organización ha despedido a Faes como a Rita Barberá. Simplista y despectivamente: “La fundación ya no es de los nuestros”.

Soraya y Faes