Menos mal que están próximas las municipales

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El título no admite dobleces y está carente de aristas. Las elecciones –las que sean, se trate del tipo del que se trate– están para eso, para abrir las expectativas necesarias, sobre todo aquellas de las que no se ha tenido noticia, o escasas nuevas, desde los comicios precedentes. No es lo mismo querer que hacer, como bien sabe todo político, pero a la hora de la verdad lo importante es concretar algo, aunque luego pasen meses, y hasta algo más, en el limbo de la concreción. Se sabe muy bien por esta esquina del noroeste gallego. Lo saben sobradamente no solo el vecino de al lado y el de enfrente, sino también –y eso es al menos de agradecer– todo político que se tercie sea del signo que sea. Tan cierto como que no hay, por ejemplo, corporación municipal que deje sobras en la caja para que la siguiente pueda hacer frente con la suficiente holgura a gastos para los que se entendía que sobraría lo presupuestado. Así que se opta por seguir tirando, que es lo que cada vez vive más la sociedad. Se aguanta con lo imprescindible y, pese a ser este un país aconfesional, no falta quien se encomienda a la providencia si con ello se ayuda. Puestos ya a conjeturar –deporte tan patrio como el fútbol–, sobran quienes son capaces de diseñar el programa electoral de cada fuerza política, con pelos y señales, aun cuando se sepa con sobrada certeza que, habiendo incluido lo que sea en la anterior campaña, se cumplen los mínimos requeridos si estos dependen de lo más cercano. Y es que, a la vista está, lo prometido no alcanza para tanto como se dice y depende, en gran medida, de que también lo porten –o no– los de otras siglas.
Cuestión clamorosa es, sin ir más lejos, el caso de Navantia, que tanto afecta y, por lo que se ve, seguirá afectando al terruño. Porque, lejos de la fraseología política al uso, que se ha vuelto en los últimos años tan similar a la económica por aquello de las perspectivas, la competitividad, las previsiones o la rentabilidad, al fin y al cabo todo se reduce a una cuestión básica: tener ocupación. Con unas elecciones municipales a la vista, destinadas a servir de test de resistencia –o de estrés, que se diría en la banca–, cabe la esperanza al menos de que algo de lo que se prometa se cumpla, sobre todo teniendo en cuenta que aquello que se dijo que se haría se ha revelado del todo insuficiente. De nuevo, la providencia entra en juego, aunque no estaría de más –lo dijo días pasados el propio presidente de la Xunta– que se empezase a trabajar con previsión más que a la expectativa, en referencia directa a la antigua Astano. A cuatro meses de que el veto sobre la construcción civil se levante, lógico y necesario sería que los planos y proyectos bullesen en las salas técnicas y económicas de Navantia y que no se esperase al 2 de enero para ofertar sobre aquello en lo que otros llevan sobrada ventaja. Menos mal que están próximas las municipales, porque tal vez de esta –solo tal vez y teniendo en cuenta lo ignotas que a día de hoy se aventuran– se prometa algo que no solo se cumpla sino que tenga verdadero alcance.

Menos mal que están próximas las municipales