Las pruebas

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En el último concierto de abono quedó patente que para componer música con criterio no hace falta estar adscrito a ningún movimiento estético o folclórico de carácter local. La música surge de la intuición que emana del conocimiento, no de modas o posturas pasajeras limitadas en su propia génesis.

Federico Mosquera es buen ejemplo de ello. Magnífico alumno de piano, ha estudiado composición y orquestación y actualmente hace un master en Hamburgo. El resultado se traduce en un músico joven que va camino de conseguir altas cotas de profesionalidad. Es cuestión de tiempo, pues los cimientos ya los ha puesto, de lo que, con seguridad, será la estructura formal a través de la cual su composiciones obtengan solidez y credibilidad.

La obra “Tres movimientos sinfónicos” consiguió la atención del público, saliendo el compositor a saludar dos veces. Obra abstracta, sugerente, fresca, bien planteada en términos temáticos y resuelta orquestalmente. Ha trabajado los materiales en cada sección sin dejar nada al azar, así, cada familia de la orquesta tuvo su papel en la trama de la obra.

A continuación, la mezzo estadounidense Jennifer Larmore interpretó “La muerte de Cleopatra”, de Hector Berlioz, logrando adjudicarle buenas dosis de dramatismo. Se trata de una composición cargada de elementos románticos, aunque con guiños y trucos compositivos de tiempos anteriores. Su voz, bien adiestrada técnicamente, estuvo precisa, aunque un poco falta de apertura tímbrica. Derrochó tablas y dotes interpretativas en la preparada propina “Chanson Bohème”, de Carmen.

Para terminar, la “Sinfonía en Re m” de Franck. Bien interpretada, pero con momentos obtusos en los que el metal –a pesar de tocar al unísono octavado con violines tanto en el primer movimiento como en el tercero– tapó con desmesura la octava superior de los primeros violines. Los principios interpretativos de la música obligan –no siempre pero casi– a respetar la melodía superior, que suele ser la que más tensión genera en las partituras, aunque se trate de octavas. Mayor atención al equilibrio seccional se traduciría en un mejor entendimiento de lo interpretado.

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