España, última colonia de sí misma

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“Mi cabeza está bien situada…”, dice Mariano Rajoy mientras un relato triunfalista trata de ocultar promesas incumplidas que tras 4 años dejan al país en situación de siniestro total. Si la ética se vistiese de etiqueta hoy el presidente se presentaría desnudo ante las cámaras. El Gobierno alardea de 436.000 parados menos que al llegar, gracias al último trimestre que rebajó las cifras en 298.200 personas, con respecto al segundo trimestre del año. La realidad desmonta punto por punto las cifras mostradas por el gobierno en un puro acto de escapismo estadístico. Si quieren economía: dos tazas.
No han creado empleo, lo han destruido. El número de ocupados, según la EPA, ha disminuido en estos 4 años en más de 104.000 personas. La población activa ha disminuido en 540.000 con respecto al final de 2011, desaparecidos de las estadísticas por buscar trabajo fuera de España o simple desánimo. Seres invisibles para la EPA. La ecuación planteada es inecuación. Han alejado a más de medio millón ciudadanos de la población activa. El Gobierno esconde a los parados de larga duración, que siguen sumidos en la miseria, así como las posibilidades de encontrar un puesto de trabajo. Son 2.158.600 parados, lo que supone que aumentaron en más de 727.000 quienes no reciben ingresos frente a los 630.000 de la herencia recibida. Los trileros de Moncloa comienzan a inquietarse. La realidad es dramática: no sólo no crearon empleo, lo han quebrado en porciones; los trabajadores a tiempo completo han descendido en más de 400.000; los empleados a tiempo parcial han aumentado en 297.000; ha sido la legislatura de la precariedad como objetivo empresarial; la protección por desempleo ha caído al 58,93%, más de once puntos que en 2011; 1,8 millones de parados sin cobertura social alguna; el expolio del fondo de reserva de la Seguridad Social. Promesas que saltan por los aires, al igual que todo su programa desde el primer día del mandato.
Somos la locomotora del continente, dijo Rajoy en estado de éxtasis, pero las estadísticas marcan un diferencial de más de 13 puntos en tasas de paro con respecto a una Europa más  lejana que el satélite de Júpiter, aunque igual de fría. Hoy tratan de mostrarnos la Luna en pleno resplandor. Millones de españoles: parados, pensionistas, exiliados, desamparados, enfermos con síndrome del tanto por ciento, han sido trasladados a la cara oculta de esa Luna que nos pretender vender. Allí permanecerán mientras estos “escapistas” enmascaran la miseria y la podredumbre de un país en estado de sitio social. Una ley mordaza los protege de los indignados que no permitirán que haya otro gobierno para Rato.  
Los libros de Historia hablan del “desastre del 98”, una época en la que España perdió las últimas colonias de un Imperio en descomposición, una época caótica. En un futuro se citará el cuatrienio maldito, 2011-2015, que supuso la demolición de la clase media y la ruina de los logros sociales. Se hablará de una España, última colonia de sí misma.

España, última colonia de sí misma