ANDALUCÍA, SECUESTRADA

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Andalucía se desangra, está de luto. El pasado viernes enterraron entre todos los parlamentarios aquel espíritu del 28 febrero de 1980 en el que Andalucía consiguió marcar un hito histórico y llevar a cabo una reivindicación ya preconizada por Blas Infante, “Padre de la Patria Andaluza” como así lo recoge el preámbulo del Estatuto de Autonomía de 1981, como querían los andaluces. Una comunidad histórica con identidad y singularidad propia.
Algo se muere en el alma de Andalucía cuando es testigo de actos de indignidad, de ofensa a la tierra que los ha elegido. Unos parlamentarios estrenando escaño y siendo llamados a capítulo por sus jefes, más allá de Despeñaperros, para que negasen el agua, el pan y la sal y volver ingobernable a su país, nada les importa el devenir de su tierra. La perplejidad se ha instalado entre los andaluces, son conscientes de que las fuerzas políticas han girado la cabeza hacia el 24 de mayo y ponen sus estrategias en función de las conveniencias para elecciones futuras. Por el molino de Andalucía ya no pasa agua, la atención se ha desviado hacia los molinos que están por llegar.
El PSOE ha ganado con holgura las elecciones andaluzas, la realidad haría que gobernase en minoría. Ser incapaz de llegar a acuerdos con otras fuerzas políticas es un síntoma de debilidad y escasez de cintura política. Ganar es solo el principio, gobernar es el arte. ¡Aplíquese!
El PP ha perdido clamorosamente las elecciones, rehén de una gestión nefasta para los españoles y para los andaluces, en particular. El líder del PP en Andalucía, como gallina sin cabeza, sigue a pies puntillas las indicaciones de Rajoy: “impedir cualquier acuerdo que refuerce al PSOE”. Andalucía que se joda, nunca nos quiso, estará pensando el señor Arenas.
La marca Podemos, tercera fuerza política, arañando votos de su comedero natural, IU, y los votantes del “votar contra”. Semblante atónito de sus dirigentes, creían que el “asalto al cielo” había comenzado, pero Pablo Iglesias lo ha dejado muy claro en su último manifiesto: “Sólo hay un objetivo, ganar las elecciones generales; lo demás es secundario”. El gran dislate es que su representante en Andalucía no se ha enterado de que ha perdido, que no es poseedora de las llaves del cielo y su líder le ha dicho que se olvide, que nada de pacto, que España está por delante, su único objetivo.
Ciudadanos –patente blanca de la derecha para la liga catalana– picando piedra en forma de PP, se establece como cuarta fuerza política. Albert Rivera –decidido a jugar la liga nacional– ha llamado a su “delegado regional” en Sevilla y le obligó a desdecirse de su acuerdo y a continuación exigir un documento de “rendición”, de tal calibre que hizo inviable cualquier acuerdo. Así se verán liberados de “los molestos andaluces”. El negocio piramidal de Albert es otro.  
En Gran Bretaña los perdedores dimiten al minuto siguiente, en España miran para otro lado y actúan como si tal cosa –hipocresía política. Andalucía despide a sus hijos en busca de futuro mientras el pueblo asiste impotente a la conjura de los necios.

ANDALUCÍA, SECUESTRADA