Incontinencia verbal

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La incontinencia verbal debería figurar en los manuales de las enfermedades patológicas. De este modo podríamos hacer unas clasificaciones para   detectar a los políticos que la tienen enraizada en su modo de actuar y es para ellos como el santo y seña de sus decisiones carentes de total credibilidad.

En los últimos tiempos la incontinencia verbal aflora con demasiada frecuencia en las intervenciones de los que nos tienen que guiar y regir y que ostentan la representación del pueblo. 

La incontinencia verbal se suele convertir en mentiras con las que el político de turno piensa que de este modo fortalece sus afirmaciones para convencer a los receptores del mensaje, que somos los ciudadanos. Y es todo lo contrario: son demarcadoras de una falta de honradez característica que impera cada vez más entre los que gobiernan. 

En el momento actual el gran incontinente verbal se llama Pablo Iglesias, el líder podemita y vicepresidente del Gobierno, que cada vez que habla   suelta alguna barbaridad como hace tan solo unos días cuando de forma totalmente gratuita comparó al expresidente de la Generalitat, Carlos Puigdemont, que escapó de España, dicen, metido en el maletero de un coche y que está huido de la Justicia, con los exiliados republicanos del franquismo. Casi nada. Vaya estupidez. Una comparación muy negativa con los que tuvieron que dejar nuestro país, una vez acabada la guerra civil, por la represión de la dictadura.

A Pablo Iglesias, al que siempre le gusta abrir caminos nuevos, le recomendaría que escriba un manual de cómo se llega a ser de la casta y cómo a través de la política se puede hacer propietario de una gran mansión. También le recordaría que las comparaciones son odiosas y muchas de las que él hace pueden llegar a ser vejatorias.

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