Torra, qué insensato

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el presidente de la Generalitat, Joaquim Torra, pone todas sus complacencias en el mantra que consiste en repetir que el independentismo necesita “otro 1-O”. Es decir, otro fogonazo patriótico que identifique al enemigo exterior como la causa de sus desgracias. El enemigo es el Estado español, claro. Un obstáculo para que Torra y compañía puedan cumplir su promesa de hacer efectiva la república catalana. La que quedó declamada el 27 de octubre de 2017. Un minuto después quedó suspendida hasta más ver por decisión del entonces president, Puigdemont, quien a su vez tomó la decisión un minuto antes de que el Estado procediese a intervenir por un tiempo limitado las competencias de la Generalitat.
La aplicación del artículo 155 de la Constitución aportó sosiego a la vida política en Cataluña hasta las elecciones autonómicas de diciembre. Pero la cirugía legal tuvo efectos colaterales. Me refiero al procesamiento judicial de 25 dirigentes nacionalistas, la mayoría de los cuales están en prisión provisional o huidos de la justicia. Lo que ellos llaman “presos políticos” y “exiliados” (nadie, salvo ellos mismos, ni dentro ni fuera de España, les reconocen esa condición) se ha convertido en el combustible de la causa. Y es lo que sirvió este lunes, 1 de octubre, para incendiar la calle, con la esperanza de que el resultado vuelva a ser el de la ira contra el Estado que, debidamente difundida por los medios, acabe siendo rentable para sus objetivos sediciosos. Por eso Quim Torra no ha parado de decir estos días que “necesitamos otro 1 de octubre para hacer efectiva la república catalana”. Por eso y porque es consciente de que, desde la aplicación del 155 y la puesta en marcha de la maquinaria judicial contra los responsables de los presuntos delitos de rebelión y otros, no se ha producido ningún avance real hacia la desconexión.
El propio Torra lo reconoce: “No hemos sido capaces de hacer efectiva la república que votamos. No hemos sido capaces de pasar por ese momento”, declaraba a finales de junio. De esa frustración mal curada nace el irresponsable y absurdo llamamiento que este 1-O hacía el president a los CDR (básicamente de la CUP, que ahora llaman traidor a Torra y acusan a los mossos de “masacrar a los nuestros”) para que persistan en su empeño de incendiar la calle, al estilo de la ‘kale borroka’, de amargo recuerdo. Qué insensato.

Torra, qué insensato