DE MICROMACHISMOS

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Seguramente debería escribir sobre temas más típicos de agosto como Gibraltar, el monstruo del lago Ness o si Elvis sigue vivo, pero las noticias que llenan cada día los periódicos no dan para muchas alegrías. El verano es una época en la que, por desgracia, la sección de sucesos se ve obligada a pedir más páginas para encajar todo el material que llega. 
Tras el espantoso crimen de Moraña, que ha hecho que hasta un curtido fiscal aparezca en televisión desencajado y con la voz temblorosa, un hombre mató a su mujer y a sus dos hijos en Castelldefels. Antes de suicidarse, claro. Un orden de factores que alteraría bastante el producto. 
Van 29 mujeres asesinadas a manos de sus parejas en España en lo que va de año, lo que sale casi a una por semana. Y eso solo teniendo en cuenta las que acaban en el cementerio, que no son la mayoría. La realidad refleja que, desde lo que denunciaba Emilia Pardo Bazán hace ya un siglo, poco hemos avanzado en proteger a las mujeres y a sus hijos de los asesinos. Esto es solo la punta del iceberg, el trozo más visible de la sociedad machista en la que, sin darnos cuenta, vivimos. 
Basten para reflexionar tres ejemplos. El primero, el de las quejas de Maribel Verdú, que protesta porque siempre le preguntan a ella por qué no quiere tener hijos pero a nadie se le ocurre hacerle la misma pregunta a Luis Tosar. El segundo, el titular que eligió un periodista de El Mundo para hablar sobre los logros en el último año de la campeona de badminton Carolina Martín: “Y hasta se ha echado novio”. 
Seguramente la intención no sea mala y solo quisiera hacer un chiste que no fue entendido, pero ¿habría puesto lo mismo para hablar de Cristiano Ronaldo? Cuando el deporte femenino resulta tan duro, quizá habría que agradecer algo más de empatía y sensibilidad. 
El tercer ejemplo nos lo da Donald Trump, ese señor que parece llevar una especie de rata muerta en la cabeza y que aspira –Dios, Alá, Buda o el que toque nos pille confesados– a presidente de los Estados Unidos. La periodista que lo entrevistaba fue, en su opinión, demasiado incisiva y, en el colmo del despropósito, al multimillonario no se le ocurrió otra cosa que sugerir que quizas fuera por el síndrome premenstrual. Me encantaría saber qué excusa hubiera elegido para un hombre. 

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