Caso único en el mundo

|

Cuando habla Pedro Sánchez las palabras no las lleva el viento. En octubre de 2019 era presidente del Gobierno y candidato y en un mitin en Tenerife vislumbraba así el peor escenario del futuro político: “Os imagináis esta crisis en Cataluña con la mitad del Gobierno defendiendo la Constitución y la otra mitad, con Podemos dentro, diciendo que hay presos políticos en Cataluña y defendiendo el derecho a la autodeterminación. ¿Dónde estaría España y dónde estaría la izquierda?”. Iglesias no le dejaría dormir tranquilo.


La hemeroteca es cruel y aquel vaticinio se está cumpliendo desde enero de 2020 con sobresaltos diarios. La semana pasada Iglesias habló como vicepresidente e invocó la matraca de los “presos políticos” como argumento para desacreditar la calidad de la democracia española y denigrar la imagen de España. Como sus palabras ya fueron analizadas con profusión, este comentario tan solo va añadir unas anotaciones sueltas.


Primera. España saldrá este año a los mercados a pedir en torno a 300.000 millones en deuda nueva y para refinanciar vencimientos de la vieja. ¿Seguirán comprando los inversores deuda española con este personaje en el Gobierno? ¿Invertirán en proyectos españoles con la inseguridad jurídica que crean él y su partido?


Segunda. La Generalitat ya puede cerrar sus “embajadas”, el vicepresidente le hace gratis la campaña exterior. Y el Gobierno debe cerrar la Secretaría de Estado de la España Global porque, con esta y otras estocadas de Iglesias, es imposible recuperar la imagen y reputación de España en el exterior.

Tercera. Las cancillerías ubicadas en España informaron a sus gobiernos de lo dicho por Iglesias. ¿Qué pensarán los jefes de Estado y de Gobierno de los países democráticos? ¿Les producirá risa o les causará pena la situación de España?.


Cuarto. La portavoz Montero entiende a Iglesias: “quiero entender que sus palabras se enmarcan en una aspiración de mejora de la calidad de la democracia”, dijo. Con esta comprensión la ministra debe pensar que los españoles somos imbéciles. Por cierto, ¿es tan fuerte la erótica del poder para que ministros como Calviño, Escrivá, Robles, Laya, Calvo…, aguanten estas vejaciones de un colega de gobierno a España?

Cinco. Iglesias sí tiene algo de razón. Es un caso único en el mundo democrático que siga en el Gobierno un vicepresidente que cuestiona la estructura del Estado y sus instituciones y pone a España en boca de Europa y del mundo. Y es una anormalidad democrática el silencio del presidente que le nombró ante este atentado a la reputación de su país.


En estas y otras anomalías está la poca calidad de la democracia española de lo que ambos personajes son culpables.

Caso único en el mundo