Amigos y enemigos, reunidos para despedir a Simón Peres en Jerusalén

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Bajo un toldo blanco en una colina de Jerusalén, antiguos amigos y viejos adversarios se sentaron hombro con hombro ayer para despedir al expresidente israelí y premio Nobel de la Paz Simón Peres. Decenas de líderes mundiales y cientos de dignatarios se congregaron en el cementerio del monte Herzl de Jerusalén, algunos abrazándose de forma calurosa, otros saludándose con más cautela, uno o dos intentando dejar de lado brevemente las diferencias que les separan.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y su esposa, Sara, estrecharon sus manos e intercambiaron unas breves palabras con el presidente palestino, Mahmud Abbas, quien sonrió, en la primera vez que los líderes rivales se ven en Jerusalén desde 2010.
“Mucho tiempo, mucho tiempo”, comentó Abbas. Netanyahu, que acusó repetidamente al presidente palestino de incitar a la violencia y el odio hacia los israelíes, le agradeció que haya acudido, afirmando: “es algo que aprecio mucho en nombre de nuestro pueblo”.
Por su parte, el presidente estadounidense, Barack Obama, llegó con una gran delegación. Unas filas más atrás, el ministro de Exteriores británico, Boris Johnson, conocido por sus meteduras de pata verbales, guardaba distancias. Por motivos de protocolo, los ex primeros ministros británicos Tony Blair y David Cameron no estaban en primera fila, pero se han sentado uno junto al otro, junto al rabino jefe de Israel, y han conversado y posado para fotos, dejando de lado las diferencias políticas que pudieran haber tenido debido a su pertenencia a los dos grandes partidos.
Otros reconocidos políticos del panorama internacional, como Francois Hollande o Bill Clinton, además del rey Felipe VI, acudieron al funeral.

Amigos y enemigos, reunidos para despedir a Simón Peres en Jerusalén