Los papeles secretos de la Farmacia del Doctor Couceiro Serrano

marã­a sã¡nchez muestra los retratos de sus antepasados quintana
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Más antigua que la Bayer y casi tanto como los Merck, la Farmacia del Doctor Couceiro Serrano no ha perdido su carácter familiar ni su vocación de servicio público en sus tres siglos de historia, e incluso la ubicación es la misma que en el XVIII: el número 8 de la Rúa dos Prateiros, en el Camiño Inglés a Santiago.

La primera noticia sobre el establecimiento es de 1719. El manuscrito, que se conserva en el Archivo Municipal de Betanzos, se incorpora al expediente de un pleito entre los boticarios locales Alonso de la Varga Salcedo y Alonso Bermúdez de Castro. Éste, fallecido en 1750, sería el “padre” de nueve generaciones de farmacéuticos que han hecho de la tradición y el respeto su modo de vida y que, con celosa dedicación y sensata reconversión, han transformado el negocio en un extraordinario testimonio arquitectónico donde conocer la evolución de la profesión y de la propia Betanzos.

El establecimiento atesora su propio museo, con títulos
y útiles del siglo XIX

“Llebó el Rubio de la Madalena por orden de Don Alonso de la Barga 8 quartos de azogue y una onza de unguento de diáltea, en 13 de enero de 1719 y dijo que era para la marquesa de Figueroa”. María Luisa Couceiro Seoane, de la octava generación, es quien advierte de la existencia de unos papeles que figuran en la carpeta del litigio y que custodia el Archivo de Betanzos. Unas notas en las que sus autores descubren, aún sin ser conscientes, la parte menos conocida, y también más curiosa, de la historia de la oficina de Os Prateiros.

En ellas, indicaciones sobre los préstamos que, durante más de tres décadas, realizan los boticarios Alonso Bermúdez y su sobrino Manuel Gil de Acebedo (segunda generación) a su homólogo De la Varga, y que los primeros aportan como pruebas fundamentales para defenderse de la acusación del segundo, que les imputa la supuesta “apropiación indebida” de un almirez de plomo y de dos libros farmacéuticos: “Mathiolo” y “Charás”.

“El día de San Roque lleva Domingo González para Don Alonso de la Barga, un escrúpulo de mercurio dulce…”. Los apuntes complican el proceso judicial al acreditar el adeudo de una notable cantidad de sustancias, excipientes y principios activos, suministrados durante años, que los demandados hacían llegar, en algunos casos, a través del servicio doméstico: “Llebó Lorenza para Alonso de la Barga, su amo, media onza de canela…”.

Son más de medio centenar de notas salpicadas de referencias a usos y componentes farmacéuticos: láudano opiato, quina, antimonio, mercurio, “Polbos de Juanes”… Algunas de ellas ahora en desuso, pero entonces, en la primera mitad del XVIII, al alcance del público en la única oficina de botica emplazada intramuros, a solo una calle de la cima del Castro de Untia.

 

Monumento

Los papeles “secretos” corroboran dos mundos y dos tiempos enfrentados: el de la Ilustración y el del 2.0. En el centro, a medio camino entre ambos, está la Farmacia del Doctor Couceiro Serrano, que más que un negocio es un monumento donde tradición y modernidad se combinan con aparente normalidad a pesar del continuo goteo de visitantes que, llamados por la curiosidad, llegan a ella desde toda Europa.

Desde la botica, donde los cables de los ordenadores y los blíster de las cajas conviven con la madera de las estanterías, y con el cristal y la porcelana del botamen, hasta el laboratorio, donde las pesas y otro instrumental antiguo consiguen concentrar la atención del periodista y anular, por unos minutos, los equipos con la tecnología más avanzada, propios del año 2012.

Además, aunque los primeros documentos se localizan en las dependencias municipales del que fue Convento de Santo Domingo, el establecimiento atesora su propio museo gracias al empeño y constancia de María Luisa Couceiro Seoane. “Encargué a un ebanista una réplica exacta de los muebles originales y, poco a poco, fuimos llenando las vitrinas”, explica la farmacéutica, al frente del negocio desde el fallecimiento de su tío Jesús Couceiro Núñez en 1967.

En 2008, cuarenta años después de su primera incursión, la Real Academia de Belas Artes remite un escrito a la Rúa dos Prateiros para “felicitar á doctora María Luisa Couceiro Seoane, propietaria da Farmacia do Doutor Couceiro de Betanzos, a máis antiga de Galicia e que ven ocupándose deste labor dende principios do século XVIII, polo mantemento do mobiliario e exemplar respecto ás remodelacións feitas nos pasados séculos”. Unos años antes, en 2001, Manuel Fraga entregó a Couceiro la Medalla de Plata de Galicia.

La distinción, con la firma del expresidente, comparte pared, la única del despacho-museo libre de estanterías-escaparate, con el retrato de Cosme Antolín Serrano Crespo, tatarabuelo de María Luisa e impulsor de la “Fábrica de Cremor”. Ésta, fundada en 1831, supone un revulsivo para el negocio, que se abre, por primera vez, al mercado internacional y acerca los productos elaborados en Betanzos hasta París.

Las generaciones posteriores traen el apellido Couceiro. La hija menor de Don Cosme, Encarnación Serrano, contrae matrimonio con Fermín Couceiro Edreira. Es su hijo el que, además de instalar un laboratorio para la fabricación de específicos, dará nombre definitivo a la farmacia: Doctor Couceiro Serrano.

La etapa de Jesús Couceiro Núñez exige un análisis aparte. En Betanzos, todos hablan de la generosidad de un hombre que, además de imprimir un firme carácter industrial al establecimiento al registrar la marca HUEL ha pasado a la historia por su atención y trato entrañable.

Los papeles secretos de la Farmacia del Doctor Couceiro Serrano