Joana Serrat | “Las canciones pesan y necesitan desplegarse”

La artista expresa el mundo en el que vive con folk, country y rock
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Joana Serrat llega a las 21.00 a la sede de Afundación acompañada de una batería que es su hermano para que el público se deje llevar por una música que la sitúa en un lugar sin niebla. Donde brilla.

Viene a un ciclo protagonizado por mujeres con algo que decir, distinto al resto. En su caso, ¿cómo fue construyendo ese lenguaje y de dónde vienen las influencias de folk americano y el country?
Hay una parte del lenguaje que se adquiere por educación musical, otra que se aprende con el oficio y otra, es cosecha propia. A lo largo de mi vida he pasado distintas etapas musicales, especialmente eclécticas durante mi adolescencia y juventud. Tengo la sensación de que desde hace años he regresado a mis orígenes, allí dónde me he sentido cobijada. Esa sensación de no soledad me la ha dado el folk, el country, el rock, la americana... Me dieron, y aún me dan, un marco en el que puedo situarme y no sentirme desvalida.

¿Cómo fue la reacción de los americanos cuando llegó a Texas con su trabajo y qué aportó Israel Nash?  
Todo el mundo me trató con mucho respeto y admiración. Fue emocionante vivir y compartir la gestación de “Dripping Springs” con este grupo de profesionales. Además, todo el mundo tenía claro que quién tenía la última palabra era yo (risas). Con este equipo hubo mucha química desde el primer momento. Me elogiaron constantemente y, tanto Israel como el resto de músicos, me trataron como una igual. La gran ventaja aquí, a parte de congeniar por carácter, es que vivimos y entendemos las canciones de la misma manera. Israel me comentó que meses antes habían trabajado con un autor americano y que, a pesar de ser de allí,  las sesiones no fluyeron igual. Yo me sentí acogida, sentí que me abrazaban y me hacían miembro de su familia. Israel me dio alas e hizo sentirme libre para alcanzar los paisajes que se desplegaban delante de mí.

¿Qué supone “Dripping Springs en su carrera?
En “Cross The Verge” (Cruza El Umbral, en castellano), sentía no tener un hogar propio. Es más, es un trabajo que habla de esa huida forzosa del hogar. De hecho, el disco habla de este momento de transición y de estado marginal, lo que en antropología denominan como Periodo Liminar. Estaba entonces, entre dos tierras, entre dos orillas cruzando el río. En “Dripping Springs”, he encontrado mi sitio, mi hogar, estoy en la otra orilla. He abandonado la niebla, la ingravidez y la incertidumbre para renacer y brillar. Por esa razón, suena rock, las canciones pesan y necesitan desplegarse en esos paisajes sonoros que incluso juguetean con la psicodelia. Aunque la temática del disco se recoja en las despedidas, son despedidas nada amargas ni tristes.

¿Es profeta en su tierra?
Creo que mi manera de hacer las cosas está íntimamente ligada a las raíces. Creo que nos juntamos con aquello con lo que mejor sintoniza con nuestra manera de entender el mundo. Mi discurso es esto, una manera de expresarlo.

¿Le llegan antes las melodías o las letras?
Soy un poco aristotélica. Creo que en el proceso de creación interviene un momento de conexión con la parte intangible del mundo, vibramos con unas frecuencias y hace que captemos lo que ya está en el ambiente. Para mi las letras son básicas y es lo que marca la diferencia entre discursos. Son ventanas a nuevos mundos. Y esto no podemos dejar que nos lo arrebaten. A su vez, y siguiendo la tradición country, las letras pueden ser universales.

Joana Serrat | “Las canciones pesan y necesitan desplegarse”