Álvaro B. Baglietto | “Teníamos la sensación de no ocupar el lugar que queríamos y le plantamos cara”

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Se apaga el carrusel sí porque aquí, en el directo, no hay disfraz que valga. Por eso, la banda viene de dar un salto al vacío en Berlín, un paso inevitable para seguir con “Mismo sitio, distinto lugar” que se fue haciendo canción por canción como cuando se prepara un sofrito con amor. Ellos le darán vueltas durante dos horas de nuestra existencia el 12 en el Coliseo y un día antes en el Playa, más íntimo, para que el público vea y opine.

¿Está la máquina preparada?
Llevamos meses preparando la presentación con equipos de trabajos sincronizados, nunca hicimos tanto despliegue. Queremos compartirlo ya, por eso que poco te puedo contar. Hay que verlo. Hemos llegado a un punto de crecimiento que nos permite trabajar a fondo la escenografía con contenidos en pantallas y un set list que esté equilibrado. Hay discurso porque todo está orquestado en bloques con un hilo conductor.

¿Tener todo bien pulido es parte del éxito?
Sí, otra cosa no, pero somos muy trabajadores. Lo condensaremos todo en dos horitas para que la gente perciba lo que hay detrás, el cariño y la magia de las emociones. La vida.

¿De qué sitio hablan?
Ahora estoy en Salamanca en un hotel, seguramente en el mismo que hace tres años pero todo ha cambiado y ya no pienso que es un lujazo de edificio y que no es para mí porque es ahora valoro descansar bien. Las cosas ocurren y no somos los mismos. Los lugares tampoco.

Los temas son muy de diálogo interior, pero también hay referencias a lo que hay fuera.
Sí, lo vemos como muy introspectivo a nivel personal y como banda. Es de mirarse a los ojos y atreverte a decir quién eres. Había que poner eso en las canciones, aunque después la gente lo oye y le parece esto o lo otro y la sociedad vive en el mismo punto, por eso comparte la manera de percibir, lleva los mensajes de Vetusta a su terreno.

Hay quien dice que sus letras son más complejas que las de Héroes del Silencio.
(risas) Surgen de las manos y el bolígrafo de Juanma y Guillermo, a veces. Luego Pucho corrige. Cantadas por él, los temas cambian, él nació para eso, transmite y a la hora de interpretar un instrumento hay mucho de lírica y de intención, es como cuando das un masaje, es súper importante.

¿Necesitaban romper?
Somos una banda para lo bueno y lo malo y con este disco renacimos. No sé si la palabra es “necesario”, pero fue un ejercicio de supervivencia, un instinto, un paso inevitable. Necesitábamos cambiar de piel, renovarnos. Es el primer disco con el que entramos en un local de ensayo a ver qué pasa. Teníamos la sensación de no ocupar el lugar que queríamos y le plantamos cara. Logramos pasar el túnel y es algo de lo que nos sentimos orgullosos. El miedo es muy mal consejero.

Supongo que esa liberación que experimentaron lo notará el público.
Seguro. En directo no se puede engañar y más cuando somos seis amigos que nos conocemos desde hace años.

¿Qué aportó Berlín al asunto?
Muchísimo, también por los que estaban allí: Campi Campón y Héctor. Nos salimos de la forma habitual, grabando canción por canción. Hasta que no la teníamos no pasábamos a la siguiente. Y todo esto en Berlín, que sufrió tantos procesos culturales y contraculturales y en el estudio Hansa, en concreto, por el que pasaron muchas bandas a reinventarse. Campi nos decía qué tema y Héctor dónde colocábamos cada cacharro. Después estuvo el trabaj de Dave Fridmann, que llega con las mezclas a donde nadie llega. Fridmann dejó fuera a muchas bandas internacionales y con nosotros se quiso quedar. Todo el trabajo de Berlín se pensó para que él lo rematara.

Álvaro B. Baglietto | “Teníamos la sensación de no ocupar el lugar que queríamos y le plantamos cara”