Macron se lanza a por las legislativas de junio ante la indecisión de sus rivales políticos

Emmanuel Macron y François Hollande | Stephane De Sakutin (efe)
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Apenas horas después de ser elegido presidente de Francia, Emmanuel Macron comenzó a preparar ayer la batalla de las legislativas de junio, en las que pretende obtener el respaldo suficiente para aplicar su programa político, ante el estado de indecisión de los partidos rivales.

En su primera resolución tras la segunda vuelta de los comicios presidenciales que ganó el domingo, el socioliberal Macron dimitió como presidente de En Marcha, su movimiento político, que se ha situado ya en orden de batalla para lograr el mayor número posible de diputados.
En Marcha, que ahora pasará a llamarse La República en Marcha y contará con una estructura de partido político, presentará candidatos a las 577 circunscripciones del país “con el objetivo de que tengan una mayoría absoluta” que permita a Macron “aplicar su proyecto”, según declaró el secretario general del movimiento, Richard Ferrand.


Al menos la mitad de los candidatos procederán de la sociedad civil y el resto, de las formaciones políticas tradicionales, aunque no se les permitirá mantener la doble etiqueta.

Macron, quien fue ministro de Economía del presidente saliente, el socialista François Hollande, pretende así defender el proyecto de renovación de la vida política, pero asentándose en parte de los restos de los partidos tradicionales, sobre todo de los socialistas y de los conservadores.

Dudas
Ante las dudas de que su neófito movimiento político pueda lograr una mayoría absoluta, el centrista François Bayrou, uno de los apoyos más mediáticos de Macron, mostró ayer su confianza en una amplia victoria.

Frente a quienes consideran que Macron se impuso por descarte –ganó con el 66,06 por ciento de los votos a la candidata del Frente Nacional, Marine Le Pen, quien logró el 33,94%–, el líder centrista aseguró que se ha creado “un entusiasmo” sobre la figura del nuevo presidente, que se cristalizará en un gran respaldo electoral en las legislativas.

Bayrou agregó que sus rivales políticos “tienen todos un punto en común: su único objetivo es el de impedir que se aplique el programa” de Macron.
Ese es el fin declarado de buena parte de las formaciones políticas, que no han ocultado su intención de liderar la oposición, aunque solo la ultraderechista Marine Le Pen, derrotada en la segunda vuelta de las presidenciales, parece hacerlo con un partido relativamente unido.

La líder de la extrema derecha aseguró que el apoyo otorgado por los representantes de las fuerzas tradicionales a Macron tras la primera vuelta de las elecciones “les desacredita” para oponerse ahora al nuevo jefe de Estado. Un argumento en el que insistieron ayer sus acólitos.
El secretario general del ultraderechista Frente Nacional (FN), Nicolas Bay, aseguró que “ha quedado atrás la división entre izquierdas y derechas y ha dejado paso a la división entre mundialistas y patriotas”.

El llamamiento a integrar la mayoría presidencial lanzado por Macron ha hecho mella en los otros partidos, tanto en los socialistas como en los conservadores. Los segundos, que de cara al exterior mantienen que pueden lograr una mayoría suficiente que les permita gobernar, han visto cómo algunas de sus figuras han abierto la puerta a presentarse bajo el paraguas de La República en Marcha. Es el caso del exministro Bruno Le Maire, derrotado en las primarias de noviembre pasado y que aseguró que se sentía “capaz de trabajar en una mayoría de Gobierno” junto al presidente.

Respuesta
Tardó poco en responderle François Baroin, que dirigirá la campaña de Los Republicanos y que aseguró que, si se acerca a Macron, tendrá un candidato conservador enfrente disputándole su circunscripción electoral. Pero Baroin no tiene controlado el partido y algunos barones han comenzado ya a ponerle límites.

Más disperso aparece aun el Partido Socialista, donde proliferan los responsables que, de forma apenas disimulada, piden presentarse bajo el paraguas de En Marcha, lo que está dejando en una posición muy incómoda a la dirección.

El izquierdista Jean-Luc Mélenchon, por su parte, aspira a amortizar su posición ambigua en la segunda vuelta, en la que no pidió el voto por Macron.


Eso le legitima, en su opinión, para liderar la oposición de izquierdas, una postura a la que puede atraer a algunas figuras socialistas.

Macron se lanza a por las legislativas de junio ante la indecisión de sus rivales políticos