Una recompensa escasa

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El Deportivo empató ayer injustamente. Sin duda. Debería haber ganado. Después de igualar en prácticamente todo en la primera parte, los de Vázquez metieron una velocidad más en la segunda y, en lugar de ponerse con un hermoso 1-0 encajaron, a balón parado, cómo no, el 0-1.
El cuadro coruñés salió al verde con su estilo, intentando atacar con cabeza, ocupando bien el campo. Serio, en una palabra.  Hubo un intercambio de ataques para saludarse. Era el 14 de partido y el Depor sólo sufría, y muy poco, a balón parado.  En una jugada en la que Arizmendi parecía ser derribado, en falta, Fernando Vázquez clamaba al cielo, le amonestaban por el calentón, tiraba la botella de agua, todavía más caliente, y era expulsado. El técnico vio el partido lejos del banquillo a partir de entonces.
En el 32 Víctor gozaba de una contra pero Lux estaba bien situado, como siempre. Laure hacía una jugada fantástica, en diagonal, para habilitar a Rudy, que intentaba la internada, era el 35. Arizmendi acosaba de cabeza, pero fácil para Leo Franco, en el 41. El primer periodo acababa con un remate en fuera de juego de José Mari que, de ser legal, habría parado el meta del Depor. El colegiado daba por finalizado el primer tiempo con dos amarillas, a Culio y Barquero, en una decisión salomónica más de las que tomó en un arbitraje que pareció peor de lo que fue a pesar de las circunstancias puntuales.
En la segunda parte el equipo salió más suelto. Fernando dio las órdenes en el vestuario y el encuentro se reanudó con el cuadro herculino en plan mandón. Avisó Laure, que ayer hizo un partido completísimo como casi todos los jugadores blanquiazules. La primera opción de ataque ya fue para el protagonista de lo que quedaba de encuentro, el Deportivo.
En el minuto 53 Borja estaba a punto de sorprender al aprovechar un error de Movilla en un pase de retaguardia. Estaba claro que el encuentro se iba a romper en un fallo, en ser más listo o en pifiarla. Los maños hacían su papel y lo hacía bien. Ordenados, defendiendo con criterio. Pero el equipo coruñés empezaba a superarlos por juego, porque tenía la pelota, la movía y la llevaba a la portería contraria con peligro. Núñez debutaba en Liga en el 52. La banda derecha tomaba un cariz más ‘centrador’.  Además en el 63 estaba a punto de rematar una jugada de Culio. Rudy robaba y disparaba flojo sobre la meta aragonesa. Era un monólogo. Una ocasión de Montañés en el 67 era el único aval ofensivo de los de Paco Herrera hasta el momento. Pero el gol no llegaba. Fernando Vázquez hacía un cambio ofensivo. Prescindía del omnipresente Wilk para dar entrada a Luis Fernández y actuar con dos delanteros. A la siguiente jugada, haciendo buena la Ley de Murphy del balompié (cuya existencia el Depor ha constatado de manera epicúrea en los últimos años) llegaba el gol maño. A balón parado, el estribillo del ‘problema’ del equipo en defensa. Víctor anotaba de cabeza, en posición legal, en una acción en la que Luisinho no salía con la defensa y rompía el fuera de juego.
Un fallo defensivo volvía a condenar al equipo deportivista.  Era el 79 de partido. 0-1. Invita la casa. En la siguiente jugada Luisinho veía la segunda amarilla por una entrada por detrás... El Zaragoza lo vio ganado. Herrera lo vio hecho y se enredaron en su propia idea. Los maños, en lugar de ir a por la pelota, renunciaron a tenerla. Primero a base de perder tiempo, después el técnico metió en el campo un tercer central, algo que no se discute, pero el cuadro aragonés se encerró demasiado. Riazor espoleó a los suyos. Todo el partido, pero al final con más ansia. En el 85 Lux se liaba y desenliaba él mismo ante la presión de un rival. Los maños aguantaban y se cumplía el 90. Una falta a 45 metros, de las que se centra ‘de toda la vida’ hayó mejor destino gracias a Culio. Le pegó un zapatazo, dio en el larguero y boto casi sobre la línea. Ya merecía el gol, pero no lo fue hasta que apareció Borja, para anotar el 1-1, el injusto empate que no mereció el Depor. n

Una recompensa escasa