Alerta roja ante una embravecida septuagenaria

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Nunca es agradable recibir consejos, ni siquiera en la más tierna infancia, cuando los niños se tienen que enfrentar a la insistencia materna a impedirles experimentar con la electricidad metiendo los dedos en el enchufe. Pero cuando se tiene una edad, las advertencias, incluso las mejor intencionadas, pueden ser  incluso ofensivas, sobre todo cuando quien las realiza tiene la mitad de los años del que las recibe. Eso debió pensar la señora de 71 años que el martes pasado ignoró la cinta policial del Paseo Marítimo para poder contemplar más a gusto las olas de nueve metro que se estrellaban contra Riazor. “A miña idade ben sei o que fago”, les replicó a los agentes, mientras hacía gestos con la mano como si quisiera espantarlos a manotazos. 
Ocurrió pasada la una de la tarde. La pleamar había tenido lugar de madrugada, y todavía el firme de la avenida de Pedro Barrié de la Maza estaba cubierto por la arena arrastrada por las olas gigantes que habían provocado un socavón en la avenida de Rubine e inundado varios sótanos, y la zona estaba llena de curiosos dispuestos a contemplar la furia del mar en todo su esplendor, vigilados por un puñado de agobiados agentes y voluntarios de Protección Civil.
Entonces observaron a la vecina que se acercó tranquilamente al Paseo y tiró de la cinta para poder pasar y acercarse hasta el borde mismo de la playa. La señora ignoró las órdenes de los policías locales, que tuvieron que acercarse a ella y acompañarla a una zona segura. 

Sanción
La actitud de la septuagenaria colmó la paciencia de la Policía Local, que durante los dos días que duró la alerta por temporal había tenido que vigilar constantemente para evitar que los curiosos que se acercaban teléfono en móvil obtuvieran un primerísimo primer plano de una ola de nueve metros golpeándoles. De manera que, de los cerca de 40 saltos de precinto que calculan que pudieron producirse, la mujer en cuestión fue la única a la que propusieron para una sanción. 
“Hemos tenido docenas de estos casos, y nunca les multamos”, aseguran fuentes municipales. Sin ir más lejos, el lunes por la tarde, poco antes de que la alerta naranja pasara a roja un intrépido surfista se lanzó a las olas de la cala del Moro para poder filmar un documental, obligando a actuar al Grupo de Rescate Acuático (GRA) de Bomberos. A él no se le multó, pero la diferencia es que cuando pidieron al deportista que abandonara el agua, este lo hizo sin rechistar. La septuagenaria no fue tan colaboradora, de ahí que se la haya propuesto para una sanción por un infringir la ley de Seguridad Ciudadana al retirar la cinta policial. 

poco colaboradores
En realidad, y aunque nunca lo reconocerían en público, los agentes confiesan en privado que la Tercera Edad no es un modelo de colaboración ciudadana: “Siempre creen que saben más que el resto y que a ellos no les va a pasar nada”. En la misma playa de Riazor, los servicios de emergencia tuvieron que convencer al grupo de jubilados conocido como los “tiburones”, que se suelen apostar en las rocas todo el día para tomar el sol, de que no era una buena idea acercarse allí durante una alerta, aunque fuera durante la bajamar. 
Los jubilados se muestran igual de impasibles ante otros peligros. “Van por la calle y cruzan sin mirar, por donde quieren. Dan por sentado que los coches frenarán”, se lamenta otro agente. Lo peor es que resulta muy difícil hacer entrar en razón a este colectivo, porque en el programa de estudios de la Academia de Seguridad, plagada de cursos con técnicas para enfrentarse a vándalos y delincuentes, no hay nada que prepare a un agente para enfrentarse a una señora medio sorda al que el policía le recuerda a su nieto. Y que encima, está convencida de que conoce a su madre.

Alerta roja ante una embravecida septuagenaria