“Cualquier artista acaba usando su arte para expulsar demonios o para tocar el cielo”

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Confiesa una profunda timidez, pero se desnuda en sus letras con la misma facilidad con la que entabla conversación. Carlos Goñi, el alma de Revólver, presenta esta noche su último trabajo, “Babilonia”. Con el sonido que llevaba tiempo buscando y “algunos de los temas más afortunados” que ha escrito.

De este disco dice que marca un punto y aparte. ¿Es una especie de catarsis?
En mayor o menos medida cualquier canción me sirve de catarsis. Algunos músicos me dicen que ellos no trabajan así; me van a permitir que dude y acabe pensando que cualquier artista sea cual sea su disciplina acaba utilizando su arte para expulsar demonios o para tocar el cielo. Es un punto de no retorno en el aspecto de que han sido dos años muy complejos para mí, que marcan a un no retorno a como era mi vida. Y musicalmente, es la primera vez que escribo un álbum para ser tocado por tres personas.

¿Ha logrado el sonido que buscaba?
Sí. Hace muchos años, además. Buscaba que todo sonase más grande, y para eso tiene que haber menos cosas, porque el espacio es el mismo. Necesitaba la libertad de poder a trío porque es lo más parecido a tocar solo. Y tocar solo es de lo que más me fascina en el mundo.

¿Tocar es entonces lo que más le gusta de su trabajo?
Lo que más me gusta de mi profesión es todo, en realidad. Hace años tenía la sensación de que estaba en el lugar más inoportuno en el momento más inadecuado; cuando estaba escribiendo lo que quería era tocar, cuando estaba tocando lo que quería era grabar y cuando estaba grabando lo que quería era escribir. Hoy en día disfruto de todo por igual. Aunque sí es verdad que puedo estar tiempo sin tocar y sin grabar, pero no sin escribir.

Las letras del disco hacen una llamada a la revolución personal. ¿Confía más en estas que en las colectivas?
No confío en la revolución colectiva. Solo podría confiar en ella si viniese precedida por una revolución personal. O tienes la necesidad real de cambio, la ejecutas y a partir de ahí te sumas a una colectiva o si no, no creo que funcione.

El disco mantiene el espíritu crítico.
Soy muy crítico conmigo mismo, pero me parece necesario. Solo encuentro una manera de sacar un siete, que es estudiar para sacar un diez y medio. Partiendo de esto, le puedo permitir al fontanero del edificio de enfrente que me robe, pero no le puedo permitir a un tipo al que pagamos cincuenta millones de personas que me robe. No es lo mismo. En cualquier caso, no soy de echar la culpa a los demás. El principal discurso del disco era “no creo que todos los políticos sean unos corruptos” pero sí creo que mientras haya un solo español que cuando ve que el famoso Dioni cobra 25.000 euros por contar cómo robó 400 millones de pesetas diga “ese sí que fue listo” tenemos un problema.

De los artistas se suele decir que son personas muy inseguras, pese a lo que pueda parecer sobre el escenario.
Soy muy tímido y muy vergonzoso. Cuando subo al escenario es distinto porque sé lo que va a pasar; y va a pasar cuando quiera que pase. Me he preparado muchísimo para hacer eso como tiene que ser y ahí no paro de hablar. Luego, cuando alguien viene a camerinos intento ser lo más cordial, pero en algunas ocasiones he pasado por ser un tipo bastante seco.

En los conciertos suele explicar la historia de las canciones.
Todas las canciones tienen una intrahistoira. Al final, la historia solo va en el disco cuatro minutos y medio, pero pertenece a una historia más grande. A mí me gustaría que me dijesen dónde están escritas las canciones y por qué. “El roce de tu piel” es una canción que esta escrita en el Playa Club, por ejemplo. Como músico imagino que doy lo que me gustaría que me diesen como espectador.
 
¿Qué música escucha?
De todo.  Hace poco dije que a mí hoy en día la canción que más me emociona del mundo es “Peces de ciudad”. Una de las cosas buenas que tiene ir cumpliendo años es que te vas quitando miedos. A decir cosas como esta y a hacer otras, como marcarme un bolero con Cuco Pérez si me apetece.

¿Es posible que el fraseo en algunas de las canciones tenga una cadencia de rap?
Me gusta mucho el rap. SFDK me parece un grupazo como la copa de un pino; Satur me parece un genio. He oído mucho rap porque me lo ha puesto mi hijo. Luego hay gente como Lou Reed, al que llevo oyendo desde los 13 años, que rapeaba desde su primer disco; siempre se ha dedicado más a hablar que a cantar. Es del que más he podido aprender en este sentido.

¿“Babilonia” es el mejor disco que ha hecho?
En este año sí. Hago cada disco lo mejor que puedo, me planteo cada álbum, igual que cada concierto, como si fuese el primero y como si fuese el último. Con esa intensidad lo vivo. Puede que tenga alguno de los temas más afortunados que he escrito. “En blanco y negro” es probablemente una de las mejores canciones que he escrito. Estoy muy orgulloso del “Teamotemor”. Hay unas cuantas frases en “Babilonia” y en “La moral mora en la moneda” que me gustan mucho.

Hay artistas que con el paso del tiempo reniegan de sus canciones. ¿Usted?
Cero. Primero, porque son las canciones que me configuran tal como soy. Sin esas no hubiese escrito estas. El último álbum que grabas es la excusa para ir a  verte, pero el verdadero motivo es tu carrera. Me siento feliz con todo lo que hecho porque lo he hecho lo mejor que podía. Renegar de las canciones que le gustan al público que te sigue es como renegar de ellos. Grabando no soy así; no escucho ni al viento por más que golpee en la ventana. Grabo lo que me dicta el corazón y punto. Pero en los conciertos es como si fuera el anfitrión de una fiesta, quiero que mis invitados se lo pasen bien.

¿Prefiere los teatros o los grandes recintos?
Me fascina tocar en teatros. Lo que ocurre es que luego pasa como nos pasó en Getafe, que había 5.000 personas en una explanada que se lo sabían todo, que no movieron ni un pie en dos horas y veinte y que cada vez que se me ocurría abrir la boca escuchaban en absoluto silencio y eso impresiona. Aun así, creo que el teatro es el lugar del que nunca debió de salir la música.

¿Escribe algo aparte de canciones?
No.

¿Y se lo ha planteado?
Sí, pero no lo voy a hacer.

¿Por?
Porque me fascina y cuanto más leo más me doy cuenta de lo mal que escribo (ríe). A veces me lo he planteado y creo que podría escribir cuentos cortos, pero sería incapaz de llenar hojas y hojas para describir una habitación. Pero sí puedo contar una historia en tres minutos y medio.

“Cualquier artista acaba usando su arte para expulsar demonios o para tocar el cielo”